¿Por qué triunfa Lutero?

Las razones económicas han sido con profusión el motor de la historia. En la política más cercana, no lo pierdan de vista, el nacionalismo periférico  o el localismo incipiente, son consecuencias, o excusas, de la búsqueda por parte de la burguesía de una mayor presencia fiscal o financiera, a veces, esto es lo curioso, con la participación de algunos sectores de la izquierda más aldeana. Las revoluciones, elevando el tiro, se han movilizado y, sobre todo, iniciado, con argumentos económicos como bandera. Hasta los cismas tienen mucho que ver con la renta. Carlos Marx nunca dijo que la estructura económica era la determinante, sino que señalaba quién era la determinante: un matiz muy relevante que puede ser excesivo en el punto y manera de a dónde queremos llegar. En cualquier caso, el control sobre las bases económicas de la sociedad, o al menos su conocimiento, son el principal instrumento político para la reforma de las estructuras productivas y sociales, cambio al que aspira la socialdemocracia.

En el XVI os príncipes alemanes andaban desde hacía siglos revueltos contra todo aquel poder que restaba ingresos a sus arcas. Más de dos siglos antes habían apoyado con beligerancia los escritos de Gullermo de Occam y de Marsilio de Padua, contra el poder terrenal del Papado. El Imperio o Roma, restaba no sólo poder, sino, sobre todo, recursos.

De todas las propuestas de Lutero contra los excesos de Roma, la corrupción de los tribunales, la enajenación de indulgencias, la divinidad de la Madre de Dios, el papel del sacerdocio, la que más entusiasmo despertó a los príncipes alemanes fue la crítica al flujo pecuniario alemán a Roma y la elección de prelados extranjeros en la Iglesia alemana.

Por lo tanto, por cuestiones especialmente fiscales, los príncipes, a quienes mayoritariamente les daba un poco igual las diversas interpretaciones sobre el culto, tomaron un papel entusiasta en contra de Roma y de todos aquellos que pudieran reducir su poder económico. El gobierno secular juega entonces a favor de la reforma: los príncipes, la aristocracia, los gobernadores. La alianza del poder político con la estructura religiosa nacional se convierte en un motor que hace tambalear Roma, Viena y Toledo.

A esto hay que añadir que la sumisión de Lutero al poder alemán, a los príncipes, era evidente, favoreciendo de esta manera la colaboración interesada de estos en el triunfo de la Reforma como instrumento de autonomía política. Lutero criticaba, con contundencia, la resistencia a la autoridad civil. Llegó a decir : “Prefiero soportar a un príncipe que obra mal antes que a un pueblo que obra bien”.

Si aplicamos, en términos generales, esta consideración a la política diaria, sea en asuntos religiosos o más profusamente en otros asuntos, tales como la descentralización del Estado o las relaciones internacionales, obtendremos una regla general de determinación práctica.

El cisma es, en este caso, un solo ejemplo que he querido poner: para Lutero la religión constituye una experiencia íntima. La nobleza teutona, con el interés puesto en las cuestiones fiscales, esta vez con el estandarte de Dios a la cabeza, bien estructurado por Lutero, se impone con fuerza en el cisma y arranca una autonomía sustentada en sus propios privilegios, por supuesto, económicos (DiarioProgresista.es, sábado, 3 de septiembre de 2011)

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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