El Empecinado

Todo parecido a Fernando VII en la historia de España produce los estertores que recuerdan el atraso de una patria desmedida, gobernada por botarates e ignorantes, como el deseado, otro imbécil, que se llevó por delante haciendas y héroes, ideas y prosperidad, colonias y orgullos. Mala tierra es la que triunfan los conservadores y los reaccionarios y luego, ya tarde, hemos de dar homenaje a los que a estos fútiles anormales se les resistieron.

El cinco de septiembre también, nacería Juan Martín Díez en Castrillo de Duero, en la actual provincia de Valladolid. Labriego humilde, que tuviera que ir ala Guerradela Convención(1793-1795) probablemente para ganarse un sustento sin saber que volvería, igual de pobre, a su tierra natal.

Allí le sorprendió la entrada de los franceses en1808, aquienes combatió a tierra abierta, descubriendo el arte de la guerrilla, del saqueo de los convoyes que circulaban por las carreteras aún empedradas medievales, o romanas, para provisionar al ejército invasor.

Se empecinan algunos españoles en defender su hacienda. En poner pie en pared ante la injusticia y la miseria. En luchar por lo que es propio y nos pertenece a todos. Por tener más educación y salud para nuestros hijos, la patria del común y del sosiego, el horizonte claro para que las generaciones que vengan no tengan que andar en alpargatas, que no dependemos sólo de nosotros mismos, sino que somos el otro, del compañero y del amigo.

El padre ilegítimo del genio de Víctor Hugo, el general Hugo, un cornudo, le persiguió por toda la meseta, llegando a secuestrar a sus familiares para que se rindiera. Resistió el valiente Juan Martín Díez amenazando con mayor castigo y cedieron, ay, los franceses a la amenaza del castellano.

En 1814 fue nombrado Mariscal de Campo y, convencido liberal, luchó por estabilizar un gobierno que sólo duró un Trienio (1820-1823) y que le granjeó no pocos enemigos entre los realistas, los absolutistas, el felón, toda esa basura de la historia de España, aplaudida por parte de un pueblo, ¡vivan las caenas!, más ignorante que inquieto, más esclavo que guerrero.

Este país que crece y que merece, esta España que vivimos y que leemos en sus manuales de Historia, esta nación milenaria, ha tenido tantos insensatos en sus gobiernos que, como un péndulo, se dejan caer una y otra vez en nuestro relato. Hacen falta tantos empecinados, tantas repúblicas, tanta pasión para mandar a la mierda a tanto conservador de escaso lustre y mirada curva.

Exiliado por el anormal de Fernando VII, a su vuelta, allá por 1825, fue detenido por los realistas. En Nava de Roa fue mostrado a la multitud, pueblo que le arrojó piedras y se mofó de la gloria. A pesar de los intentos de O´Donnell por salvarle, la decisión real, la estupidez política, el olvido, la sinrazón, le llevaron a la horca un mal día de 1825 en el pueblo de Roa de Duero.

En Castrillo se enfangan unas aguas verdes a las que se ha dado en llamar pecina, motivo por el cual todos los naturales de esta localidad castellana se han apodado como, eso, empecinados. Hasta que la historia de Juan Martín, héroe de España y de los liberales, reconvirtió el apodo por el de mayor gloria, el que se empeña, el que no ceja, El Empecinado (DiarioProgresista.es, domingo, 4 de septiembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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