Recesión

¿Qué ocurriría si a una persona le dejamos sin oxígeno? Si por algún motivo conocido o desconocido no pudieran recibir aire sus pulmones, no pudiera alimentar sus células, no respirara. Sus órganos dejarían de funcionar, se paralizarían las funciones básicas, veríamos cómo la pérdida de pulso y de constantes vitales dañaría a los órganos hasta la muerte.

¿Por qué lo llaman crisis si en realidad se trata de una estafa? O al menos una crisis que se deriva de una estafa. De una gigantesca estafa en la que los bancos norteamericanos colocaron deuda inmobiliaria, bien recomendada por las agencias de rating, utilizando dinero sin límite proporcionado por aquella Reserva Federal, estafando al resto. Agravando el problema en aquellos sitios, como España, en los que la alegría financiera sirvió para sembrar de pisos innecesarios la geografía peninsular. ¿Cómo prefieren llamarlo entonces?, ¿recesión?, ¿crisis?, ¿estafa?

La solución de los gobiernos, viendo que el enfermo se iba en medio de la sala de operaciones, ha sido suministrar liquidez a los bancos y gasto público al sistema, empapelando de deuda pública los parqués y llenando de ávidos acreedores las plazas. Hay que oxigenar el sistema y, mientras la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra compraba deuda, el Banco Central Europeo permanecía impasible mientras observaba el derrumbe de las instituciones financieras griegas, irlandesas y portuguesas.

Se logró entonces reanimar al enfermo, oxigenarle, y, un tiempo, parecía revivir, levantar el vuelo, los famosos brotes verdes que mencionaron en los Estados Unidos. Pero, el enfermo sigue padeciendo una crisis de confianza, una falta de riego financiero que paraliza las estructuras económicas, ponen en manos de los especuladores la deuda soberana, limita el descuento de letras para las pequeñas empresas, invalida cualquier opción de ampliación de capital e inversión.

Sin una normativa global, un marco legal internacional, los capitales se esconden fraudulentamente en paraísos fiscales. Sin una Europa fuerte, unida y coordinada, los estados se convierten en meras peonzas en el baile de salón de los capitales del mundo. El enfermo continúa enfermo y, como señala la máxima responsable del Fondo Monetario Internacional, Lagarde, de nuevo al borde del precipicio de la recesión.

Mientras, el Partido Popular comete dos errores –a veces preso de la ansiedad, a veces de la temeridad-, como es localizar el problema global en una responsabilidad local, y, encarar las elecciones sin aclarar su proyecto. Peca en el primero de ellos de torpeza y, en el segundo, de irresponsabilidad. Necesitamos un gobierno fuerte que participe en la reforma financiera internacional, aquel proyecto que se habían prometido Sarkozy y Obama y que ha quedado en papel mojado con el membrete de Wall Street. Un gobierno que sepa ordenar las finanzas públicas y, como decíamos ayer, apostar por nuestros emprendedores, creadores, innovadores y exportadores, en el valor añadido de la gente, en la educación y en la formación, en la investigación y en la creación.

Cuando el nivel de los políticos no alcanza a reconocer que, en un mundo donde se mueven libremente los capitales pero no los trabajadores, donde aquellos se esconden tras los paraísos fiscales, donde las normas no existen, la capacidad del sistema de degenerarse es inmensa. Ha pasado, sigue pasando y, mientras no se ponga remedio, seguirá pasando (DiarioProgresista.es, martes, 6 de septiembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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