Separadores y separatistas

La lengua es mi patria que se abre entre sus fonemas en el recuerdo de la madre. Por eso, materna, también se erige en nuestra alma como un sentimiento o como una parte de nosotros mismos o como la indisoluble memoria de nuestro pasado. Habita en el presente y deseamos llevarla al futuro en nuestra propia trascendencia. Porque la lengua nos pertenece como forman parte de nosotros los ojos y los brazos, el sentimiento y las raíces.

Abundan, sin embargo, en España, separadores y separatistas, cada uno en un extremo protagonizando lo que Unamuno y Baroja llamaban aldeanismo que, dicho por ciudadanos vascos, es decir universales, viene aún más a colación en este tema. El asunto, entonces, de la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por la que el castellano es también lengua vehicular en Cataluña ha venido a ser, de nuevo, el disparadero para declaraciones disparatadas de separadores unos y separatistas los otros. En una Cataluña, por cierto, que no tiene entre sus ciudadanos ningún problema en alternar ambos idiomas nacidos del latín.

Hace bien el TSJC en dictar un auto que da un plazo de dos meses para que el castellano también sea lengua vehicular en Cataluña. Y haría bien Artur Mas, la Generalitat, en cumplir los autos y las sentencias, las disposiciones en suma del poder judicial que es otro bien distinto al que ejercen los gobiernos autonómicos.

Una especie de virus antisistema se apodera a veces de nuestros gobernantes, especialmente la derecha, propagando su insumisión a normas superiores o a sentencias y autos. Es el caso de Esperanza Aguirre y, por lo que se ve, de Artur Mas. Un mal ejemplo para la estabilidad de nuestras instituciones y la transparencia de nuestra democracia.

Aparecen entonces los separadores de aquí, aquellos que tratan de imponer una imperial forma de ver las cosas, el castellano por encima del catalán, ¡para qué idiomas periféricos!, separadores en suma que atosigan a los ciudadanos asustándoles de la quiebra de España y animándoles a no comprar productos catalanes. Es el caso, como todo el mundo sabe, de Esperanza Aguirre.

Y, por contra, aparecen como la espuma los separatistas de allá, motivados por mantener un discurso, único elemento para recabar votos. No creo que Enrique Prat de la Riva cuando creó en 1901 la Lliga Nacionalista pretendiera dañar a una lengua como la española o castellana, ni siquiera Francesc Maciá. Autores como Joan Maragall, Salvador Esrpiu,. Josep Plá, Jacinto Verdaguer, hablaban y escribían tanto en un idioma como en otro y ése, precisamente, formaba parte de su propia riqueza.

Algo tan sencillo como cumplir la ley, asumir las sentencias, acatar los autos, mantener una simple y llana lealtad institucional. Lealtad, por cierto, también al sentido común, al sentido de evitar escuchar a aquellos que alimentan sus discursos para alentar los bajos instintos de los ciudadanos, el nacionalismo mal entendido, el de aquí y el de allí, los separadores del centro y los separatistas de la periferia. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 8 de septiembre de 2011).

Advertisements

About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
This entry was posted in Uncategorized and tagged . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s