Desequilibrios

Tres desequilibrios atenazan a la economía española: el financiero, el exterior y el público. En gran medida estos han sido provocados por una crisis internacional que ha puesto en evidencia la propia implosión de un paradigma económico desarrollado por las políticas erradas de la segunda mitad de los noventa. Si el Fondo Monetario Internacional llamó la atención sobre el rumbo inadecuado del Ministerio de Economía durante el período que nació en la victoria conservadora de 1996, no es menos cierto que estos desequilibrios aún hoy, no sólo persisten, sino que se agravan.

La crisis de los mercados de capitales generó un desequilibrio financiero que hemos de corregir tanto en lo urgente como en lo importante. Porque tan urgente es sanear y fortalecer a las instituciones financieras españolas, como importante hacer que éstas destinen la financiación a promover empleo, valor añadido, exportación e innovación tecnológica. Y si el sector privado es incapaz de asumir su obligatoria responsabilidad social del crédito, tendrá que ser el sector público quien abandere esta misión tan necesaria para el desenvolvimiento económico.

El déficit exterior, en segundo lugar, ha llevado a la balanza por cuenta corriente a mostrar un desequilibrio de 47.000 millones de euros, de tal forma que forma parte de nuestro más inmediato objetivo mejorar nuestra productividad y, por ende, competitividad, con el fin de corregir nuestras relaciones con el exterior. Las políticas de igualdad, educación y sanidad, representan la base de la mejora de nuestro capital humano, y, por lo tanto, de nuestra capacidad innovadora y creadora, es decir de nuestra competitividad.

El déficit público, en tercer lugar, junto con la emisión de deuda soberana, aún siendo ésta una de las menores de la Unión Europea en términos de PIB, ha de moderarse ante la persistencia de la especulación en los mercados financieros internacionales que impiden, o cuando menos encarecen, la provisión financiera pública. No tanto porque se gasta menos que se ingresa, sino porque se ingresa menos que se gasta: no podemos hipotecar el futuro de nuestros hijos impidiendo que determinados gastos de inversión mejoren nuestra capitalización y mejora de los factores de producción.

Sólo el crecimiento podrá garantizar una estable disminución de estos desequilibrios públicos. Crecimiento que ha de establecerse base exportación, desplegando todas nuestras capacidades competitivas y emprendedoras para reducir el déficit exterior, verdadero y olvidado cáncer financiero de la economía española. Con una orientación adecuada del sistema financiero y la vista puesta en la generación de ocupación. (Publicado en DiarioProgresista.es, el nueve de septiembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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