Aguirre, Giner y la educación

Decía Antonio Machado de Francisco Giner de los Ríos : “Era don Francisco un hombre incapaz de mentir e incapaz de callar la verdad”. Para Giner sólo podríamos regenerar nuestro país si somos capaces de hacer en él hombres y mujeres más cultos y conscientes. Una escuela pública, universal, gratuita, científica y libre, racional y moderna, es la base fundamental de nuestro crecimiento, de nuestro desarrollo, de nuestra prosperidad.

Frente a esta idea, ya no de la educación, sino de España, observamos cómo durante los dos últimos años -a los que hay que añadir el curso que actualmente comienza-, el Consejo de Gobierno de la región de Madrid ha prescindido de 6.000 profesores.

Francisco Giner soñaba a los profesores como transmisores de conocimientos, respetados más por su sabiduría que por su potestad. Este catedrático de Filosofía del Derecho y de Derecho Internacional, heredero de las ideas krausistas, no podría creerse que en plena democracia, se haya hecho un daño tan demoledor a la enseñanza pública.

La Federación de la Comunidad de Madrid de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado hace un sencillo cálculo: si cada uno de estos profesores tenía 18 horas lectivas, se han perdido en la región la friolera de 108.000 horas semanales de labor educativa.

Giner, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, de la Residencia de Estudiantes y del Museo Pedagógico, tendría que frotarse los ojos si tuviera que leer las Instrucciones dadas por la Consejería de Educación y Empleo para el presente curso escolar que acaba de iniciarse. Pronto se daría cuenta de que no se trata tan solo de recortes, sino de cambio de modelo educativo: frente a la pública universal la privada particular, como si no pudieran convivir en concurrencia y eficiencia.

Precisamente eso es lo que no quiere Esperanza Aguirre, ni ningún gobierno conservador, que la enseñanza privada esté obligada a hacer músculo frente a una educación pública universal y bien dotada.

La labor de los Inspectores de Educación va a tener una seria paradoja. Van a comprobar cómo centros públicos destinan a una profesora de lengua a dar música.

Un país moderno, por concretar, exige que los centros educativos deban tener a jornada completa, por cada doscientos alumnos escolarizados, al menos un docente especializado en compensatoria, otro en Audición y Lenguaje, otro en Pedagogía Terapéutica, y, por supuesto, un orientador. Exige que no se eliminen, como ahora, sino que se potencien los desdobles en asignaturas como Matemáticas, Lengua castellana y Lengua extranjera.

Francisco Giner de los Ríos se enfrentó airadamente al Marqués de Orovio, a la sazón ministro de Fomento y autor de determinadas Ordenanzas que atentaban contra la libertad de cátedra, en defensa de la libertad y, por ello, de la prosperidad. Qué hubiera hecho hoy si hubiese contemplado el desolador incremento del abandono educativo, la ausencia de nuevas tecnologías en las aulas que simplemente están a nuestro alcance.

Hubiese dicho don Francisco, hombre incapaz de mentir e incapaz de callar la verdad, que los recortes son una mera excusa, que se trata de un concepto distinto de modelo educativo, y, ni siquiera eso, se trata de otro modo de ver España, a veces de frente, aliados con la razón y la prosperidad, frente a la vergüenza, a la ignorancia y a la mentira. (Publicado en DiarioProgresista.es, el lunes, 19 de septiembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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