Usabiaga

Hay una parte de la izquierda abertzale que ha estado desde hace ya lustros en contra de la violencia (Aralar), otra parte que recientemente ha decidido dejar de apoyar la violencia y defender únicamente la vía política (Otegui) y, aún como rescoldos, aquellos que minoritariamente siguen empuñando las armas. Para la pacificación definitiva del País Vasco, además de las actuaciones policiales, necesita la inteligencia suficiente como para animar a los que despreciaban y desprecian la violencia a convencer a los que aún creen en ella.

La inteligencia ha de tenerse, en el marco de la ley (he dicho en el marco de la ley), tanto en la Administración pública, en el poder judicial e, incluso, en los medios de comunicación. El ingreso inmediato en prisión sin fianza del exdirigente de LAB, Rafael Díez Usabiaga, tras condenarle el pasado viernes a diez años de cárcel por formar parte de ETA en calidad de dirigente, no es una buena noticia para el futuro.

Otegui y Usabiaga están, por fin, a favor de que ETA termine. Sus posiciones han abierto serias contradicciones en el seno de la banda terrorista y cualquier movimiento puede suponer darle la razón a los violentos en un debate perverso entre seguir matando o dejar de hacerlo.

En el caso que aquí nos trae de la Audiencia Nacional, todo hay que decirlo, no trata de delitos de sangre sino que el alto tribunal considera a Usabiaga, por ejemplo, responsable de un delito de integración en organización terrorista en grado de dirigente por haber intentado reconstruir la ilegalizada Batasuna a las órdenes de ETA con el fin de crear Bateragune.

Dice el alto tribunal que sus fines son independentistas y la implantación del socialismo en los territorios vascos y navarro, motivación de la que no podemos extraer delito alguno. Ésa fue también el móvil del resto de condenados: Arnaldo Otegui, Sonia Jacinto (extesorera de ANV), Miren Zabaleta (hija de Patxi Zabaleta de Aralar) y Arkaitx Rodríguez.

Intento evitar señalar que este periódico está a favor de la justicia como el que más. Que nuestra convicción por el estado de derecho y por la defensa de las libertades no deja lugar a dudas; que no hace falta medir el asco que nos produce el terrorismo, desde luego de ninguna forma en menor medida que el resto; que debemos honrar a las víctimas y que hay que juzgar a los asesinos.

Todo ello, al mismo tiempo que somos lo suficientemente inteligentes como para saber que la apuesta de la izquierda abertzale por el final del terrorismo tiene cada día más partidarios. Que esta apuesta no va a cambiar por esta sentencia pero que, sin duda, tampoco ayuda a avanzar.

Consigue la sentencia dos cosas: por un lado excitar a la parte más reaccionaria partidaria de seguir con la violencia, y, por otro lado, animar a los votantes abertzales a ir a las urnas dando lugar a que en vez de obtener tres escaños puedan llegar hasta cuatro o cinco.

Los jueces deben tener en cuenta el contexto político a la hora de aplicar flexiblemente y decididamente la ley. Sin delitos de sangre, en este caso, el espacio para obrar es suficientemente amplio para que la inteligencia nos lleve al sentido común. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 20 de septiembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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