Soledad

De nada ha servido leer y releer El Quijote para aún no haber aprendido que la característica principal de aquel hombre de La Mancha era su soledad. Soledad del hombre que emprende camino, el que deja de ser presidente, el que defiende con ahínco a los socialistas o el que mantiene impertérrito los principios y valores de los socialdemócratas, sea cual sea nuestra situación o posición en el mundo.

Tras el último ejercicio de deslealtad del Grupo Parlamentario Popular ayer en la Cámara, asistido por la triste y torpe manera de despedir a un presidente por parte de un escasamente elegante jefe de la oposición, no concibo más compañía que la de los que piensan como yo.

Decía aquel Quijote, “amistades que son ciertas, nadie las puede turbar”. Miro a mi alrededor, enciendo la televisión, las radios, y encuentro una sequía de socialistas cuya presencia debe redoblarse en todos y cada uno de los medios de comunicación.

“Cada uno es artífice de su propia ventura”, decía el enamorado de Dulcinea. Dependemos de nosotros mismos, y, en esta situación que arrastran todos los gobiernos europeos, ahogados por la crisis. No por estar mal en aquellas encuestas hemos de dejar de afrontar nuestro reto de ganar unas elecciones, acabar o proseguir un proyecto de reforma de España que iniciamos en 1982 y que aún queda mucho por hacer.

Pero es soledad la que me encuentro, sinceramente, cuando a mi izquierda y a mi derecha veo, a unos y a otros, propios y extraños, en un país que no ha aprendido de aquel viejo hidalgo de Castilla que “es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios”.

Si hubiera derrota, vendrán los agoreros de siempre a dar lecciones de cómo haberlo hecho, desconociendo, vuelvo a El Quijote, que “la diligencia es propia de la buena ventura”. O, tras la victoria, se adueñarán nerviosos del laurel aquellos que nada hicieron para lograrla.

El partido socialista tiene, entre sus virtudes, la capacidad y la tolerancia para soportar las críticas desde sus propios militantes. Es la clase trabajadora a la que pertenece y a ella, y solo a ella, se debe. No se debe, digo, a aquellos que comenzaron siendo los hombres del presidente y, más temprano que tarde, le dejan marchar y espalda le dan, si acaso, cuando hace bien poco aplaudían aciertos y errores que otros, negro sobre blanco, subrayábamos.

No dejarán los socialistas de buena voluntad, que son las gentes, también aquellos dirigentes que aún así piensen, de intentar cambiar esta España que merece algo más que el discurso vacío de los conservadores. A algunos les parece imposible y esperan a ver que sucede, unos pensando en hitos posteriores, otros en inopinadas posiciones orgánicas, nosotros en mejorar un proyecto, presentar un programa y gobernar para transformar: “como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles”. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 26 de septiembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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