Twist

La operación twist desarrollada por la Reserva Federal norteamericana ha desalentado a los mercados financieros y a los inversores mobiliarios, haciendo sucumbir a las bolsas y llevando a los cortos a posiciones ganadoras. Como un enfermo sin oxígeno al que se le dice, se le recomienda, desenchufar la bombona que le mantiene (artificialmente) vivo. Una cuestión que, si bien defendemos con propiedad, evitarla supone graves riesgos para la economía mundial.

La operación Twist de la Reserva Federal significa canjear bonos a corto plazo, por valor de 400.000 millones de dólares, por deuda a largo plazo. Una decisión que no ha contado con la unanimidad en el consejo de la FED y que muestra que las posiciones ortodoxas y las heterodoxas siguen echando un pulso en la mesa de decisión de la máxima autoridad monetaria norteamericana.

La falta de mayores estímulos monetarios hace, entonces, sucumbir a los inversores, alertados por la posibilidad de que aumente la escasez financiera en los Estados Unidos y, al tiempo, llevar de nuevo a la primera nación económica del mundo, a la recesión.

En Europa tenemos un problema añadido: los problemas de liquidez de las instituciones financieras, ya no de los países periféricos, sino de los bancos de las naciones motor de la Unión. Para dar lecciones de falta de liquidez, insolvencia financiera y tranquilidad del banco central, para eso, digo, estamos los europeos.

Una falta de liquidez que lleva al diferencial de la deuda italiana a los 400 puntos básicos, seguido del de España situado alrededor de los 370 puntos básicos. Por ello, las empresas con mayor grado de endeudamiento y necesidad de financiación, Sacyr u OHL, sucumben en la bolsa alertadas por un aumento de los intereses que puede dinamitar, al menos coyunturalmente, su cuenta de resultados.

Por eso mismo las bolsas se derrumban en un estado de histerismo propio de un hospital psiquiátrico. Ser ahorrador a corto plazo es lo más parecido a ser torero, una profesión de riesgo que no vive para sustos o para engaños. Mercados financieros que se debaten entre la falta de oxígeno o el exceso del mismo, entre la vida o la muerte, el espasmo en las curvas técnicas y el miedo al análisis fundamental.

Mientras tanto en España las hipotecas, no me extraña, cayeron en julio un 47%. Una situación que muestra, ya no sólo la caída de la demanda, sino la parálisis financiera de las instituciones españolas, más preocupadas en salvarse que en financiar el sistema, financiación que a la postres representa su responsabilidad.

Podemos seguir despistados, evitar pensar que vivimos un momento de desaliento, confusión y depresión. Tras todo lo dicho, viendo el hundimiento de la bolsa de Japón, la caída de Wall Street, el abismo de los bancos franceses, el miedo a la quiebra de Estado de Italia, no cabe duda, es evidente, la culpa es de Zapatero. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 24 de septiembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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