Presos

¿Es mejor que los presos de ETA animen a la lucha armada o que declaren la necesidad de abandonar el uso de la violencia? ¿Es preferible que el mundo abertzale radical se organice para sembrar el terror o para presentarse pacíficamente a las elecciones? ¿Quién prefiere que los independentistas vascos quieran asesinar antes que participar? ¿Acaso es valorable la diferencia entre la paz y la violencia?

Un grupo de expresos de ETA, históricos de esta indeseable organización del terror, escenificaron su adhesión al Acuerdo de Guernica. Personajes como Jon Agirre o Gloria Rekarte han preferido dar la cara y proponer, defender y animar a que se abandone para siempre el uso de la violencia como mecanismo de cambio político.

La causa de esta transformación en la izquierda radical abertzale se sustenta, como dijo ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la lucha mantenida por la justicia, la policía y la política; el esfuerzo, y, sobre todo, el sacrificio de todos los demócratas. Incluso las últimas conversaciones fracasadas con los terroristas dejaron a éstos en la peor de la situaciones de cara a los suyos.

No se trata de dejar de defender a las víctimas, ni de amnistiar a los culpables, sino de permitir una vía de salida política a todos aquellos que hasta ahora no habían empuñado las armas. Armas, que por cierto, esperamos que entreguen los terroristas, por eso, este paso, el de los presos, el de los expresos, es sustancial en un proceso que sólo puede conducir a llevar estos cincuenta años de terror al estercolero de la historia.

Debemos ser pacientes con las declaraciones, más o menos simplistas y teatrales, de una izquierda radical cuyos estertores violentos se apagan. Dicen, “ni vencedores, ni vencidos”, cuando en realidad quien triunfará será la paz, la democracia, las víctimas que sólo desean que no haya más víctimas y cuyo recuerdo se vincula al futuro.

Aquellos que imprudentemente señalan que la izquierda abertzale radical no tiene ningún valor en sus declaraciones actuales porque hace tan solo unos meses defendían la lucha armada, hay que recordarles que el valor reside en que precisamente hace escasas semanas defendían la violencia y, hoy por hoy, la condenan.

Por eso, el camino de la política es el camino de la paz. La manifestación del próximo 22 de octubre convocada por aquellos que anteriormente defendían la violencia, es otro paso para declarar, en las calles, su apuesta por las urnas. EA, Alternatiba, Aralar, LAB, ELA, todos ellos sólo tienen un camino, y, el nuestro, el de la prudencia y el de la inteligencia.

Acabaron el acto bailando un aurresku. Nosotros no podremos celebrar más que la normalidad cuando esta pesadilla acabe. Demasiados muertos como para sonreir, pero, precisamente por ello, demasiados son como  para que haya más, ni uno solo más, ni uno solo. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 27 de septiembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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