Encadenando temporalidad

El Consejo de Ministros del 26 de agosto de 2011 aprobó una norma que acaba de ponerse en práctica y por la que se suspende la limitación al encadenamiento de los contratos temporales al menos hasta el 31 de diciembre de 2013. Una medida que, si bien es lesiva a los intereses de los trabajadores, no alienta la contratación en un mercado laboral cuya recuperación va a tener origen únicamente en el crecimiento económico.

Ni siquiera por beneficio del consenso puede traer beneficios esta reforma. Tanto los sindicatos como la patronal se oponen a ella y, a pesar de los esfuerzos del Ejecutivo, el disenso vuelve a presidir una situación que se mantiene a lo largo de los años. Si la patronal, como es obvio, es partidaria del disenso hasta que gobiernen los conservadores, el Gobierno debe, sin embargo, tomar las medidas adecuadas para generar empleo.

Y esas medidas pasan, no por precarizar más el mercado laboral, sino por una política económica que financie a los emprendedores, a los innovadores y a los exportadores, que aliente nuestras capacidades productivas, que lleve a cabo una política financiera agresiva y una política fiscal inteligente.

Cuando se puso fin al encadenamiento de contratos temporales en 2006 la temporalidad bajó en cuatro puntos. Los empresarios adquieren factores de producción cuando le son necesarios para afrontar proyectos rentables. No es de recibo, empero, que nueve de cada diez contratos sean temporales. Por ello, la solución de la patronal es sencilla: hagamos a todos los contratos temporales o, al menos, un poquito temporales.

Al cabo del tiempo lo único indefinido en el mercado laboral es la interinidad. Frente a ello el Partido Popular no sabe y no contesta: se limitan a decir que hay que mejorar el mercado laboral, y, curiosamente, se abstienen en esta medida que toma el Gobierno de la Nación.

El hecho de que una ínfima parte, ridícula, de los contratos sean para discapacitados es síntoma de que el mercado laboral le da la espalda a aquellos ciudadanos que tienen condiciones personales adversas. El hecho de que el número de paradas sea prácticamente el mismo que el de parados muestra que las menos favorecidas padecen en mayor medida la crisis. La situación alarmante del número de jóvenes en paro es la señal de estar tirando al estercolero de la historia todo el valor añadido de una generación. El crecimiento debe ser el objetivo de la política económica y la lucha contra la discriminación y las disfunciones del propio mercado han de ser las metas de la política de empleo.

Un empresario que tiene una oportunidad de inversión contrataría de la misma forma tanto si el contrato temporal está limitado como si no. Esto prueba que permitir el encadenamiento de los contratos es una medida que lo único que provoca es una transferencia de renta de los trabajadores a los empresarios sin siquiera generar empleo y ocupación en un país donde el mercado laboral está enfermo.

No critico la norma (solo) por ser lesiva a los intereses de los trabajadores, sino por ser inútil. Los empresarios cuya preocupación es sólo pagar menos a los trabajadores o quedarse con la siempre rentable provisión pública de bienes (sanidad), son más bien aventureros de la nada. Los empresarios cuya capacidad de innovar y exportar, abrir mercados o presentar nuevos bienes y servicios, son los que menos abundan y los más necesarios. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 29 de septiembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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