Chantaje fiscal

Muevo mis dedos con cierto interés sobre los informes de la Agencia Tributaria de 2008. Trato de compararlos con aquellos que se hicieron a principios de los noventa para saber, interés no sólo intelectual, si durante estos últimos años se han beneficazo más aquellas rentas que más tienen o, por el contrario, los menos favorecidos han disfrutado de una mejor equidad y carga que en cualquier país civilizado debiera repartirse de forma equitativa.

¿A qué llamamos ricos? Es verdad que esa expresión comporta en sí misma un estigma de demagogia que los conservadores tratan de retirárnoslo de nuestro lenguaje, ¿para qué?, sencillamente para no hablar del tema. Para no hablar de que uno de los principios prácticos de la tributación pretender tratar bien a aquellas partes del sistema con gran capacidad de ahorro, una especie, por qué no decirlo, de chantaje fiscal.

Veamos qué ha sucedido durante los últimos quince años. Un ciudadano cuyos ingresos anuales ascendieran a 300.000 euros, que ya está bien, paga a la hacienda pública un tercio menos que lo que pagaba a principios de los noventa. ¿Cómo es posible?

Es posible porque la abundancia de deducciones y desgravaciones, junto con la disminución de los tipos máximos, ha llevado a la tributación a que el principio de equidad forme parte de la historia. Todo empezó con rebajas fiscales promovidas por el gobierno conservador de José María Aznar que, posteriormente, fueron ahondadas levemente por los gobiernos socialdemócratas subsiguientes. Nadie queda exento de culpa.

En lugar de hacer un sistema fiscal que, amén de cumplir el principio de suficiencia de cara a cubrir las necesidades de aquellos que lo necesitan, al tiempo que gane en progresividad para no apartar al basurero de la historia los principios de equidad vertical y horizontal o alentara a los emprendedores de verdad, a los innovadores y a los exportadores, hemos construido un sistema fiscal y tributario insuficiente, ineficaz, poco equitativo y limitado en recursos en la lucha contra el fraude.

Los efectos de la reforma fiscal de Aznar se hicieron notar en 1999, y, visto con posterioridad, observamos que supuso un aumento en los tipos efectivos de las rentas medias y en las rentas menos favorecidas, mientras que las mayores rentas se vieron nítidamente beneficiadas. El chantaje fiscal reside en el argumento de que las rentas altas y las medias altas son las que mayor capacidad de ahorro tienen y, por lo tanto, hay que tratarlas con delicadeza, laxitud y sumisión.

Precisamente los rendimientos de capital, fruto del ahorro de estas rentas, tiene un tipo de gravamen inferior al tipo mínimo relativo de la renta general. Por eso, el tipo efectivo de las rentas altas ha pasado del 49% a mediados de los noventa al 30% hoy por hoy. Por poner un ejemplo, para aquellos que declaran un tramo de renta superior a 600.000 euros anuales, su tipo efectivo es del 27%, inferior probablemente, querido lector, al suyo. Elusión, evasión y, sobre todo, estupidez. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 6 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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