La prestación según Cospedal

De forma inoportuna para el dolor y la frustración de tantos desempleados, María Dolores de Cospedal ha cuestionado las prestaciones por desempleo para todos los parados. Quizás, sin embargo, oportunamente viene el debate a colación para definitivamente poder saber qué es lo que pretenden hacer con este país los conservadores en el caso de que ganaran las elecciones el próximo veinte de noviembre.

Sin ningún tipo de rubor, la Secretaria General del Partido Popular ha señalado -anticipando (se supone) la política que llevarían a cabo en el supuesto caso de que ganaran las elecciones-, que “los trabajadores deben tener un mínimo de cobertura y habrá que negociar hasta qué punto la tienen que tener todos en la extensión que ahora, o sólo una parte, o todos”. Quiero entrecomillar porque mañana, imaginamos, pretenderán rectificar o negar haber dicho lo que han dicho, donde dije digo, digo Diego, o, de donde vienes, peras traigo.

No es un buen dato, ni para el Gobierno de la Nación, ni para nadie:

95.817 parados más durante el mes de septiembre, la peor cifra desde 1996 que, además, eleva el número de desempleados registrados a 4.226.744. No es un buen dato para el Consejo de Ministros, por cierto, porque, sin duda, muestra que la flexibilización –necesaria en algunos casos, inútil en el resto., puede ser tan sólo un factor para garantizar transferencias de renta de los trabajadores a los empresarios, sin efecto alguno en el nivel de contratación.

Muchos de estos más de cuatro millones de desempleados necesitan una renta, la prestación por desempleo, que supone un derecho adquirido, una necesidad de cobertura para sus familias. Que el ochenta por ciento de los desempleados estén cubiertos es un éxito del gobierno saliente del que, a pesar de los costes, deberíamos estar firmemente orgullosos.

Durante el mes de agosto la Administración gastó en prestación por desempleo la cantidad de 2.457 millones de euros, casi un 6% menos que hace un año, pero, aún así, una carga pesada e inevitable para un país moderno que no deja al viento de la incertidumbre a millones de familias.

Cospedal no enseña las orejas del lobo sino que muestra sus intenciones: tenemos, dice, el mercado laboral más rígido. Como si la flexibilidad fuera garantía para la generación de empleo, como si la precarización fuera determinante para la ocupación, como si la discriminación o la temporalidad animaran la inversión y el emprendimiento.

No hace falta siquiera fijarnos en las declaraciones, más o menos inopinadas, sino en los hechos y actos que protagonizan los conservadores allá donde gobiernan. Una presidenta regional (de Castilla La Mancha) que presenta un plan de ahorro de 1.815 millones de euros y que centrará el esfuerzo en materias tan básicas como la educación o la sanidad.

Un gobierno inteligente debe ayudar a crear el escenario financiero y fiscal necesario para animar a los emprendedores a innovar, exportar y, en suma, emprender. Pero alentar las capacidades de aquellos que las tienen, ha de venir acompañado por el hecho de cubrir las necesidades de aquellos que las padecen. La política social, la cobertura, la prestación, son características de países avanzados, democracias desarrolladas y sistemas universales que, siguiendo sus propias palabras, la señora Cospedal, o no entiende, o, peor aún, entiende. (Publicado en DiarioProgresista.es, el miércoles, 5 de octubre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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