Villamayor de Calatrava

Cuando el alcalde de Villamayor de Calatrava, Juan Antonio Callejas, decidió quitarle el nombre de las calles de su localidad a Pablo Neruda, a Pablo Iglesias y a Enrique Tierno por ser “poco conocidos”, no vi solo la España más profunda buscando el enfrentamiento recurrente frente a la España que calla, sino un signo más de que la educación, la cultura y la ilustración no han sido prioridad en un país que durante siglos necesitó instrucción antes que guerras civiles, poesía frente al estertor.

En respuesta a tal atentado contra la cultura, este periódico celebra un encuentro de poetas que comenzará a las cinco del sábado, 8 de octubre, en la principal plaza de Villamayor, llamados por tantos vecinos, de ese pueblo y de los alrededores. Gentes honradas y trabajadoras que saben que todos tienen cabida en el nombre de las plazas, sobre todo -y esto es lo que no entiende el alcalde-, los poetas.

José Luis Sampedro nos señaló el camino: “no cejéis, en Villamayor, en Castilla y en toda España, de hacer de la cultura nuestra bandera”. Una bandera que ha de sujetarse por el mástil por todas las manos que tengamos, que ondea triste cuando se borra del mapa a un poeta, se le quita el nombre a una de sus calles, o se le exilia, o se le prende.

Fletamos un autobús desde Plaza de España y, muchos otros, se acercarán por sus propios medios para asistir a un homenaje -mala es la época en la que hay que rendir memoria a nuestros poetas-, para que la incultura no valle las bibliotecas, no amuralle las casas de cultura, ni borre los nombres de las calles.

Ningún abuelo de Villamayor podrá detenerse ahora a explicarle a su nieto, bajo el nombre de Pablo Neruda, quién era aquel poeta. Nadie, salvo el viento, podrá recitarle aquellos poemas, veinte, que son de amor y de alegría, de ausencias y manos blancas, escribiendo los versos más tristes una noche, callada y constelada, en un silencio de estrellas, tan lejano y sencillo.

Un pulso entre la España que no lee, cuyo estandarte empuña como una garrota Juan Antonio Callejas, y la España que escribe. Entre la España de la memoria y la España de los recortes, entre la ciencia frente a la superstición, la luz contra la oscuridad, el sol frente a la sombra. No temen los hombres y mujeres buenos de La Mancha levantar la cabeza ante la incultura, ni los niños que estudian o los que juegan, a juntar las letras de los poemas, o a escribirlos.

Castilla no es una región, siquiera un territorio: es una idea. Y sobre sus amplios campos, aquellos que llegaron a América, que convirtieron las eras en selvas y el trigo en papaya, todavía emerge la gloria, el recuerdo y, sobre todo, el trabajo de hombres y mujeres que sembraron de lengua al mundo, de idioma a los continentes y de escritores los libros.

Que Castilla merece no sólo castillos, sobre tierras o sobre nubes construidos. Merece letras bajo el Cerro del Águila que no se borren en el Tirteafuera. Merece escuelas y profesores, maestros y universidades, poetas y ciencias. Sobran tantos agoreros y falta tanta esperanza. (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, 7 de octubre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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