Romney

Mitt Romney es en estos momentos el más claro candidato republicano a enfrentarse a Barack Obama en las próximas elecciones presidenciales de 2012. Hay algo peor que un líder republicano: un candidato que se esfuerce en parecer cada vez más republicano. Una oleada de valores conservadores que, si los demócratas no lo remedian, puede enfangar las calles de las principales ciudades y los campos del país más poderoso de la tierra.

Una vez más los sondeos, las previsiones y el análisis ha quedado cuestionado de antemano. Rick Perry, gobernador de Texas, el que era el más claro aspirante a la candidatura republicana, ha ido poco a poco enterrando sus posibilidades, tanto en votaciones anteriores, como en debates persistentes y depresiones múltiples.

El jaque se lo dio el propio Romney esta semana. Ocho precandidatos republicanos se disponían a debatir ante un auditorio lleno de simpatizantes y cámaras. Cada uno de ellos tenían la oportunidad de hacer una sola pregunta a uno solo de sus contrincantes. Cuando todos pensaban que la pregunta de Mitt iba a ser dirigida a Rick Perry, aquel sorprendió ninguneándole y destinando la cuestión a la Michele Bachmann, gesto que, de un solo movimiento, supuso el tránsito inmediato a las sombras de Rick Perry y, de forma algo simple, ganarse las simpatías del voto femenino por parte de Romney.

Mitt Romney buscó desde joven dedicarse a la política y, únicamente, un cambio en el destino de su vida hizo que se aupara hasta el gobierno de uno de los estados más importantes. Mormón de sesenta y cuatro años, licenciado en Derecho por la Universidad de Harvard, su exitoso recorrido por la empresa privada y su presencia contundente en gestos y opiniones, sirvieron al menos de base para fabricar un candidato a imagen y semejanza del Partido Republicano.

Fue el que logró sacar adelante la gestión de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002, tomando las riendas de una organización que se había convertido en un foco de inestabilidad, corrupción e ineficiencia. La llegada de Romney llevó a los Juegos a un éxito inolvidable.

Desde entonces el nombre de Mitt Romney fue emparejado al de la buena gestión, fama que le sirvió para auparse con la victoria en las elecciones a gobernador de Massachusetts. Cuatro años también de gestión más o menos aceptable, en 2007, empero, anunció su decisión de presentarse a presidente de los Estados Unidos de América.

Tras su paso por el gobierno de Boston, siempre más moderado que otros estados, los republicanos le acusan de tibio. Y ahí es donde se produce el peor escenario. Con la mirada puesta en demostrar que es un buen republicano, que es el más ferviente defensor de una bajada de impuestos, de limitar la política social, de frenar la interrupción voluntaria del embarazo, de impedir el matrimonio entre personas del mismo sexo y de que prospere el anteproyecto de ley anti-inmigración.

Tenemos los dedos cruzados. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 15 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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