Una conferencia de paz

El salón Gandhi del Palacio de Aiete estaba a rebosar. Muchos de los allí presentes constataban el hecho de que ETA se estaba quedando sola dentro y fuera de las cárceles. La red Lokarri y el grupo de contacto del mediador sudafricano Brian Currin habían sido los organizadores del encuentro al que se habían sumado todas las fuerzas políticas vascas, excepto el PP, junto con destacados miembros de otras naciones tales como Kofi Annan, Jonathan Powell, Gerry Adams, Bertie Ahern, Gro Harlem Brutland o Pierre Joxe.

No aceptamos, por obvio, una relación de igual a igual entre el Estado y la banda terrorista, entre las víctimas y los asesinos, entre la democracia y aquellos que han querido destruirla durante los últimos cincuenta años. Pero reconocemos, empero, la importancia de que aquellos que antes estaban defendiendo la lucha armada, apologetas del terrorismo, ahora se erijan como defensores de la vía política y la paz.

De los cinco puntos de los que consta la declaración final de la conferencia, el primero es el definitivo: exigir a ETA una declaración pública de cese de la violencia, condición imprescindible para poder vislumbrar un prometedor futuro a una de las partes más prósperas de España.

En segundo lugar se añade una solicitud a los gobiernos de Francia y España para tratar las consecuencias del conflicto. Las palabras no son inocentes, “consecuencias”, ¿el número de muertos?, ¿la necesidad de paz?, ¿una solución política? La solución política reside en el Estatuto y la participación democrática de cualquier punto de vista en relación al futuro de Euskadi. Hay salida, pues, para este punto: la democracia parlamentaria y la participación política.

El tercer punto invita a la reconciliación, compensar a las víctimas y reconocer el dolor causado. Un paso inexorable que no puede dejar a las víctimas sin reconocimiento y capacidad de perdonar, sin un por qué y un para qué, sin la esperanza de poder saber que el dolor no ha perdido su memoria.

El cuarto punto invita al diálogo entre las partes. Un punto que, por simple puede acabar en esperpéntico. Diálogo hay, ¿dónde?, donde debe haberlo: en el Parlamento vasco. La intermediación de fuerzas internacionales supone un paso inadmisible en una territorio democrático donde la normalidad ha sido secuestrada por los que ahora reconocen la paz como el único horizonte.

El quinto punto es la presencia de un comité de seguimiento, si bien, como observadores privados pueden constatar dónde y cuándo ETA entrega las armas, cerrando así el círculo, volviendo entonces al primer punto.

Cinco puntos abiertos, llenos de ideas con retorno, la búsqueda incesante de un lugar común, de un nuevo futuro. Eso pasa, sin duda, porque ETA deje las armas. Abrir las ventanas significa entonces dejarles interpretarse a sí mismos. La decisión del PP no ahonda más que en la incomprensión y el absurdo.

ETA ha sido derrotada por la historia, las fuerzas de seguridad del estado y los ciudadanos honrados de todos los pueblos de España. Pero ETA también ha sido derrotada por ETA, por sus propios errores, el fracaso de la última negociación con el Gobierno de la Nación y la interpretación equivocada del porvenir de un pueblo. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 18 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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