Begoña

Cuando aquella niña de veintidós meses, Begoña Urroz Ibarrola, dormía en su cunita no podía imaginarse que una detonación segaría su corta vida para siempre. Era un 27 de junio de 1960, y, sin quererlo, sin apenas futuro, ni remedio, se convertía en la primera víctima de la banda más asesina que ha tenido la historia de nuestro país. La cobardía de aquel primer atentado en la estación de Amara hacía presagiar un futuro tan oscuro como tenebroso.

Años antes, en 1958, un grupo de estudio escindido del PNV, Ekin, fundaría una banda a la que Txilardegui denominó ETA. Su lento crecimiento, como un virus a través de la sociedad vasca, les llevó desde el nacionalismo al estalinismo, amparado por ideólogos de tres al cuarto, individuos sin escrúpulos y un clero más pendiente de la tierra que del Cielo.

Las divisiones internas siempre acabaron con la salida de los menos violentos y el mantenimiento de los peores. La IV Asamblea de ETA se dividió en culturistas, obreristas y tercermundistas, dando paso a una primera depuración que eligió a los más violentos como los líderes de la banda. La V Asamblea también dejó en el camino a ETA Zahorra (vieja) dando a luz una ETA Berri (nueva) que tenía como misión la muerte.

Recordamos ya más recientemente la escisión de ETA político-militar durante aquella VI Asamblea que llevó a algunos de sus miembros a la vía política fundando, posteriormente, Euskadilo Ezkerra. Se quedaban siempre los peores, los más violentos, los más sanguinarios, los menos reflexivos.

Las conversaciones de Argel de 1987, la negociación con Txomin Iturbe Abasolo, fracasaron dejando paso a los tenebrosos y oscuros Pakito, Txelis o Antxon. Ni el Plan Ardanza, ni el Pacto de Estella, ni las negociaciones del gobierno del Partido Popular en Zurich en mayo de 1999, conversaciones que dieron lugar a que el único presidente que cediera con la banda acercando los presos, José María Aznar, consiguieron siquiera un ápice de pacificación.

La persecución policial, la presión judicial, la labor política y, sobre todo, la opinión pública, llevó a ETA a un arrinconamiento sin precedentes. La Propuesta de Anoeta en 2004 llevada a cabo por Arnaldo Otegui pareció entrever una solución al problema cancerígeno de un grupo de asesinos que empezaban a darse cuenta de su más que oscuro futuro.

Las negociaciones emprendidas por José Luis Rodríguez Zapatero, únicas autorizadas por Resolución del Congreso de los Diputados en 2005, abrían una ventana de esperanza para que, aquellos que no tuvieran delito sobre sus espaldas, pudieran participar políticamente en el marco del Estatuto y la Constitución. El atentado de Barajas llevó al descrédito final a una organización cuyo final no es otro que la derrota del terrorismo y la victoria de todos los ciudadanos de bien que, ni olvidan, ni abandonan, a tantas víctimas inocentes. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 22 de octubre de 2011).

 

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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One Response to Begoña

  1. HWN says:

    Ni Begoña Urroz fue víctima de los etarras, ni la niña de la foto es Begoña Urroz, sino una de las mellizas Barrera Alcaraz, asesinadas por ETA en Zaragoza, en 1987 si no recuerdo mal. La bomba incendiaria de la estación de Amara el 27-6-60 la puso el DRIL, dato fácilmente comprobable y contrastable. Nuestras autoridades debería explicarnos por qué han mentido. Porque en este asunto se ha mentido. Deliberadamente.

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