Un billón de euros

Será porque son conservadores o porque su estatura (política) deja mucho que desear, pero que el eje franco-alemán esté comandado por estos dos personajes que tratan de liderar Europa, convierte a la política europea en una especie de naciones ególatras y una suma de protectorados dispersos, todos ellos dirigidos por virreyes de tres al cuarto que se sienten divinos en sus taifas ridículas.

Europa no existe -no debe ser la primera vez que lo digo-, y, sus mandatarios, presos de responder ante su electorado local, no tiene la altura de miras, la capacidad dialéctica y, sobre todo, la fuerza comunicativa suficiente como para, subiéndose aunque sea a un taburete, poder mirar más allá de la verja de su parcela.

La falta de confianza entre las instituciones financieras europeas, incapaces de prestarse entre ellas ante la duda de la solvencia de la prestataria, contagiadas por el derrumbe financiero norteamericano, ha sembrado la parálisis en los mercados financieros de la Unión, más pendientes en salvar su propia espalda que de recuperar la actividad.

La parálisis del Banco Central Europeo, ajeno a las recesiones y a las medidas súbitas  -tan importantes en política monetaria-, ha sido uno de los agentes de tan llamativa pérdida de credibilidad, más bien hace de bombero mirando como arde la casa y más pendiente de no manchar el suelo de agua. Obsesivo anti-inflacionista, no cabe en su acción nada referente al crecimiento, sólo pendiente de la estabilidad de precios y, últimamente, de comprar esporádicamente deuda soberana.

Bancos en quiebra que, para mayor abundamiento, están cargados de deuda de países periféricos que ahora anuncian una quita, es decir, que sus activos en forma de empréstito público va a valer menos.

Mientras la Comisión -o lo que queda de ella-, se inventa un Fondo en forma de parche que no es capaz de tapar un agujero que Merkel, ayer, cifró en un billón (con bé) de euros. Sarkozy, algo más listo, pensó en permitir que el fondo tuviera licencia bancaria para que éste pueda pedirle prestado al BCE, pero, Alemania, con Merkel a la cabeza, trata de huir de todo aquello que suponga que el banco emisor tome las riendas sobre el asunto.

No puede uno ser tan corto de miras como para no ver que la escasez de liquidez interbancaria que mantiene a Europa en vilo, a los periféricos hundidos y a las instituciones financieras de los países centrales al borde de la quiebra, se soluciona con una política monetaria y financiera activa por parte del Banco Central Europeo. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 24 de octubre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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