El imbécil

No se le ocurre otra cosa a Nicolás Sarkozy, con la que se le viene encima, que criticar abiertamente a España por haber sido un milagro y haber caído en las garras de la crisis financiera. Acompaña su crítica a Irlanda mofándose de ella y señalándola como aquel Dorado que ha dejado de ser. Y, ni corto ni perezoso, no deja a los italianos en buen lugar y les amenaza por su incontrolado gasto.

Que el vigesimotercer presidente de la República de Francia sea un imbécil no es culpa de los franceses. Que no tenga en cuenta que el riesgo de quiebra de los bancos de París obligara a una intervención conjunta hace un par de meses del Banco Central Europeo, la Reserva Federal, el Banco de Tokio y el Banco de Inglaterra, parece habérsele olvidado a este gran amigo de Vicente Bolloré.

Monsieur Bolloré, sí señor, aquel empresario que dispuso un jet privado y un yate para que Nicolás festejara que acababa ser elegido presidente de la República francesa. La respuesta del político aprovechado no fue otra que “no ha costado un solo euro a los franceses”.

Desde luego. Lo que más le puede costar a los franceses es no haberse dado cuenta que BNP Paribas suspendía tres fondos en agosto de 2007 abriendo la puerta a contaminar de riesgo a toda la banca europea. Estaría en otras lides amatorias mientras durante el cuarto trimestre de 2007 Crédit Agricole anunciaba que depreciaba sus activos en algo más de tres mil millones de euros. Miraría para otro lado, ni se enteraría, que en septiembre de 2008 Societé Générale presentaba pérdidas por un fraude por valor de 4.900 millones de euros y, al tiempo, depreciaba activos por 2.050, total casi 7.000 millones de euros de marras.

Cuando, dicen, su mujer Cecilia le era infiel con el publicista Richard Attlias tuvo, dicen también, que refugiarse en los brazos de una hermosa italiana a la que no le gusta ser italiana. No es tarea de este medio meterse en la vida privada de nadie, salvo que por ésta se entienda las sucesivas traiciones que protagonizó contra Chirac, o las falsedades vertidas contra Villepin.

Lo peor es su incapacidad para sacar a Francia adelante, para liderar una Europa que, junto con Merkel, nunca ha conocido una política más pigmea desde otro imbécil como Luis XVI. Precisamente ése, imbécil, el título de esta carta, fue el epíteto que le propinó a la periodista Lesley Stahl cuando le preguntó por su esposa en una entrevista en el mismísimo Elíseo para al programa 60 Minutes.

A nosotros no nos importa que fuera sucesivas veces acusado de contratar trabajadores ilegales o que, inopinadamente, delante de las cámaras, insultara a un autónomo en una feria de agricultura. Qué se puede esperar de alguien que permite (o impulsa) el acceso de su hijo, Jean Sarkozy, a sus veintitrés añitos, estudiante de Derecho, a la presidencia del órgano que regula el distrito de negocios de La Défense.

Ese personaje, el amor de Carla, es el Presidente de la República, el gnomo incapaz de llevar Europa adelante, el que, en medio de la crisis, se permite insultar a España y a lo que representa. Nos hace echar de menos a de Gaulle. (Publicado en DiarioProgresista.es, el miércoles, 26 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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