La educación de una nación

La educación pública garantiza la participación de todos los ciudadanos en un futuro común, el establecimiento de metas compartidas que, desde la integración, podremos alcanzar con más facilidad que si dispersamos los esfuerzos de todos y cada uno de nosotros.

Los objetivos nacionales de nuestro país pasan por lograr mayores dosis de prosperidad, libertad y felicidad para todos y cada uno de los ciudadanos. Existen innumerables metas que no podríamos alcanzar sin un destino común que nos permita remar a todos en la misma dirección.

Para ello, la escuela pública, universal y gratuita, representa el primer eslabón de una cadena desde la que sustentar las bases del conjunto de los españoles. Compartir el pupitre, colectivizar nuestras relaciones, llorar, reir o soñar juntos, desde niños, aprender desde el principio que los destinos compartidos se transforman en metas comunes, es un ideal cuya pérdida reduce nuestra responsabilidad y la tarea de lograr una mayor prosperidad para todos.

Si dispersamos el esfuerzo de una educación nacional, bien a través de los intereses -a veces legítimos, a veces espurios- de la educación privada o, si cabe, de la educación pública sustentada en los matices regionales o la ideosincrasia aldeana local, legítima desde la pluralidad, pero limitadora a la hora de generar hombres y mujeres universales y libres, habremos reducido nuestra capacidad como nación y, por lo tanto, nuestra fuerza para alimentar al resto de las naciones de un acervo que no nos corresponde solo a nosotros.

La prosperidad de una nación nace desde el punto y hora en el que somos capaces de hacer cosas de forma conjunta y cooperativa, en menor medida competitiva e interesada. Y, desde este argumento, la construcción de una escuela pública nacional, universal y común, representa la base, como digo, de un futuro más próspero.

Los conservadores españoles pretenden edificar un sistema educativo sustentado en el sumatorio de intereses privados, como si una nación fuera un puzzle de egoísmos tribales, familiares o particulares. Los conservadores periféricos, al mismo tiempo, segmentan la escuela pública en función de su propio aldeanismo, elevando el mito de Aitor a categoría histórica o el establecimiento de un destino diferenciado por la política de Pedro IV el Ceremonioso.

Conservadores españoles o periféricos, ambos, cuartean la educación pública, la segmentan e infrafinancian, de tal forma que pierde su capacidad aglutinadora y común para un pueblo que desea ser pueblo, o una nación que lo es desde hace muchos más siglos. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 29 de octubre de 2011).

 

Advertisements

About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
This entry was posted in Uncategorized and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s