La guerra de los bancos

Si alguno sigue teniendo alguna duda de que el espacio económico europeo es integrado en tanto en cuanto beneficie a los más grandes y poderosos, que se le vayan quitando las interrogaciones porque esta vez nos lo han dejado claro.

La situación de solvencia de los bancos europeos, especialmente franceses y alemanes, cuyos activos rebosan deuda periférica griega y vencimientos incobrables, han descapitalizado a la banca europea hasta extremos alarmantes para la estabilidad del euro. Frente a ello, a pesar de su sobreexposición inmobiliaria, la banca española goza de un mayor tamaño y solvencia que la banca centroeuropea.

Esto siembra un riesgo en el horizonte: que los bancos españoles, una vez pasado el temporal de escasez de liquidez en los mercados de capitales europeos, adquieran gran parte de las vetustas y ancestrales instituciones financieras europeas. Al Santander le costaría bien poco hacerse con el Deutsche y así sucesivamente.

¿Cómo evitar esto? La decisión del trust de bancos centroeuropeos, tocados en sus activos hasta casi la muerte, ha sido convencer a las autoridades europeas para poner un cortafuegos a la expansión de la banca española. Había que restarle capacidad de movimiento, liquidez y peso, con el fin de evitar el espectáculo de ver cómo en pocos años el Banco de Santander, por ejemplo, ha pasado de ser una institución financiera mediana a posicionarse como el sexto banco más grande del mundo.

No basta con el hecho de que los agentes económicos y sociales, las familias y las empresas, no estén financiados. No basta con la realidad de que se le dé la espalda a Grecia. No es suficiente con los beneficios y los salarios de escándalo de algunos directivos. Ahora hay que evitar que los españoles nos compren. Una nueva tormenta contra la Armada Invencible con el fin de justificar su incapacidad europea como ejército corporativo.

Una vez convencida a la Comisión, la Autoridad Bancaria Europea, un nido de conspicuos intereses, maquina un plan para reducir el peso (los activos) de los bancos españoles y restarle capacidad de movimientos a los grandes bancos hispanos. Para ello establece un doble mecanismo perverso: la valoración de la deuda española y el aumento del core capital.

En primer lugar, ni cortos ni perezosos, proponen valorar la deuda española al precio de cotización en vez del de reembolso, lo cual supone una disminución del valor del 5%, es decir, una depreciación de los activos de los tenedores: los bancos españoles.

En segundo lugar, exigen de forma inopinada que el capital propio se eleve al 9% del total del activo, estando situado en el 5%, lo cual exige que tengan que capitalizarse aún más y, por lo tanto, reunir una liquidez que les hubiese servido para zamparse a cualquier banco (ya mediano) centroeuropeo. Y, entonces, ¿qué dicen las autoridades económicas españolas? (Publicado en DiarioProgresista, el domingo, 30 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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