Evitable

Hay mil millones de seres humanos en el mundo que pasan hambre, que no tienen qué comer esta noche, ni mañana. Que la sequía, la falta de agua, de alimentos, les conduce inexorablemente a la muerte.

Ayer comentábamos, desde la felicidad que da imaginar el nacimiento de un ser humano, de un compañero más, de un amigo o de un hijo, el nacimiento del ciudadano siete mil millones. Porque durante este mes de octubre seremos ya en el planeta Tierra siete mil millones los hombres y mujeres que habitemos este lugar que cada día que pasa hacemos menos habitable.

Somos tan afortunados que pertenecemos, querido lector o lectora, a ese 7% de la población mundial que desprende el 50% del CO2 del planeta tierra. Ése que destruye la capa de ozono y despliega toda una sombra sobre nuestros mares y bosques.

Pero somos, todos esta vez, tan afortunados que tenemos esas dos cosas que merece la pena tener : inteligencia y conciencia. Inteligencia para saber que podemos ponerle remedio al hecho de que haya también mil millones de seres humanos que no tienen acceso al agua. Tenemos el juicio suficiente, la capacidad técnica y tecnológica suficiente como para extraer agua de forma sostenible, cultivar de forma prudente, investigar y crear para que ni mil millones de seres humanos se mueran de hambre, ni mil millones de sed.

Y tenemos también, al menos la mayoría, la conciencia suficiente como para no poder soportar que mil mujeres mueran a diario durante el parto o derivado de sus secuelas. Que, además, dos millones de niños no sobrevivan más allá de las veinticuatro horas.

¿Cómo es posible que veintiséis mil niños mueran al día, en el mundo en el que vivimos, por causas evitables? Lo peor, además del paso brutal de la parca, es que sea por causas evitables. Y para evitarlo, nuestra conciencia y nuestra inteligencia, nuestra voluntad y la honradez de saber que el tiempo mejor empleado es aquel que trate de evitar esta tragedia que parece no acabarse nunca.

Que cada año mueran 5,6 millones de niños nos hace a todos morir un poco. No podríamos, no deberíamos dormir, si un incendio de estas características estuviera asolando nuestras conciencias. Y, sobre todo, como he dicho anteriormente, con una inteligencia suficiente como para poderle poner remedio. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, uno de noviembre de 2011).

 

Advertisements

About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
This entry was posted in Uncategorized and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s