Esperando a Heracles

Los ciudadanos más favorecidos de la República de Grecia han evadido a Suiza, desde el comienzo de la crisis financiera, una cantidad aproximada a doscientos mil millones de euros, dejando a la nación asolada y más allá de su propia ruina.

Cuenta la Eneida que Heracles pastaba el rebaño que había arrebatado a Gerión y, quedándose dormido, sufrió el robo de numerosos bueyes por parte de Caco. Como el gigante -mitad hombre, mitad monstruo-, dormitan en sus cuevas aquellos que se erigen como patriotas de pacotilla, traidores a su propio origen, arrastrando sus capitales, como bueyes, y dejando a los trabajadores sin la más mínima esperanza.

A estos no les persigue la Unión Europea, de ellos nada dice el Banco Central Europeo, no son los gobiernos más poderosos proclives a demandar a tanto sinvergüenza cuyas bocas se llenan de vómito criticando a Papandreu.

No son por tanto los jóvenes que se manifiestan por las calles de Atenas culpables de un desaguisado que nació en la propia inepcia de las instituciones financieras centroeuropeas. Ni los parados, ni los asalariados, ni los sindicatos, ni las organizaciones feministas o las ecologistas. No: ha sido un dispendio financiero que ahora hace sufrir las consecuencias a los menos favorecidos y a los que, paradójicamente, se les echa la culpa.

Kakós, hijo de Hefesto, es el monstruo que le mete la mano en los bolsillos a todos los griegos a los que se desahucia por la idea errada de una política financiera, monetaria, económica, tan antigua como el Partenón. Entre ellos nace como una esperanza la voz de Martin Schulz, portavoz de los socialdemócratas europeos, exigiendo gravar con un veinticinco por ciento los capitales que huyen desde Atenas a Zurich.

Capitales que utilizan transferencias desde Chipre, cuya plataforma sirve para delinquir, para la evasión y la elusión, para la traición a una nación por aquellos que disfrutan de sus mejores posiciones y que luego tratarán de darnos lecciones de austeridad. Cacos de medio pelo que no devuelven a su país lo que éste les dio en un principio.

La historia acaba con el hecho de que Heracles, al fin y al cabo, logró recuperar sus bueyes llegando a estrangular a Kakós con sus propias manos y haciendo desaparecer al gigante de la faz de la tierra. (Publicado en DiarioProgresista.es, el lunes, siete de noviembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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2 Responses to Esperando a Heracles

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