La deuda de las regiones

Hay pocas cosas más transversales y abiertas que la deuda regional. Comunidades autónomas, de un color o de otro, mantienen unas cuentas que deben analizarse, a partir del debate recientemente abierto, con rigor y transparencia.

El problema para los mercados de capitales y las agencias de calificación no es, sin lugar a dudas, la deuda pública –nacional, autonómica o local-, sino la deuda privada y las perspectivas de crecimiento sin las que no podría devolverse la deuda privada que cae como una losa sobre las familias españolas.

Por eso, en el marco de nuestra deuda soberana, las Administraciones, todas ellas, deben ser recatadas en el déficit con el fin de evitar endeudar en mayor medida el país y, por otra parte, evitar también que se les financie a ellos, a las Administraciones, en vez de al sector privado, verdadero motor del crecimiento a largo plazo.

Tras el proceso de descentralización autonómica, empero, las Administraciones regionales han gastado más que ingresado, tanto por el lado de los tributos propios como por las transferencias del Estado. Esto ha generado un déficit que ha sido financiado con deuda autonómica. Llevados a este punto las regiones más endeudadas son Cataluña (30.000 millones de euros), Valencia (18.000) y Madrid (14.000). Si observamos estos datos por PIB podremos señalar que entre las regiones más endeudadas se vuelve a situar Valencia (17,2% de deuda sobre PIB), Castilla La Mancha (16,5%) y Cataluña (16,2%).

Es verdad que Valencia, por lo tanto, no es un ejemplo a seguir. Pero es cierto, empero, que el debate tiene más profundidad y enjundia que los meros datos. Debemos establecer un marco de discusión que evite la existencia de duplicidades en las funciones de las administraciones, la relación Estado- región, analizar en profundidad los numerosos gastos superfluos que algunas de estas administraciones llevan a cabo –publicidad institucional, gastos de representación internacional-, así como tener como horizonte una mayor coordinación entre las propias administraciones regionales.

Se necesita como el comer la elaboración de un Libro Blanco que señale las necesidades de coordinación entre Administraciones, establezca un marco estable funcional de gasto y elabore una relación de competencias que evite la asunción de impropias o el malgasto de algunas partidas.

No se escapa de este análisis el estudio de las cuentas de la Administración Local, gobiernos que desarrollan por sí solos competencias impropias, funciones que no les corresponden por dejación las más veces de la Administración regional, y que acumulan por tanto una deuda nada despreciable, que aún siendo razonada, hay veces, como en el caso del Ayuntamiento de Madrid, que no es nada razonable. (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, cuatro de noviembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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