Debate : el día después

El debate entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy, los dos políticos que encabezan dos proyectos nítidamente distintos, ha sido seguido por un buen número de españoles esperanzados en conocer las diferencias y sopesar las propuestas.

Si alguien quería saber si hay o no diferencias, entonces, ciertamente, pudo comprobar que efectivamente las hay. Ganó el debate, sin duda, el candidato socialista y, el conservador, por el contrario, no arriesgó apenas nada en ese quite.

Deja claro al menos uno de los candidatos que existen dos modelos diferenciados de sociedad. Dos modelos, ciertamente, de política educativa, de sanidad, de servicios sociales. Dos estrategias distintas sobre cómo y dónde llevar este país. Alfredo Pérez Rubalcaba tenía el deber, y así lo ejerció, de presentar un proyecto, un modelo de sociedad como digo, sustentado en la universalidad de los servicios públicos frente a la austeridad como frontispicio del otro candidato.

Jugaba, por su parte, Mariano Rajoy con el pasado y caminaba por la oscuridad de la crisis. Recreándose en lo que no se ha hecho, en los errores pretéritos, en los datos demoledores del paro y de la recesión; trataba de rehuir el cuerpo a cuerpo y dar señales que orientaran a un electorado indeciso.

Setenta millones de personas siguieron aquel primer debate entre Nixon y Kennedy, encuentro que llevó al ganador a dar una imagen renovada frente a un sudoroso republicano. Si bien en la radio posiblemente empataran, en la televisión fue el de Massachusetts el que triunfara. No es la imagen lo que importa en nuestro caso, pero, ciertamente también importa.

Forma parte de la imagen una mayor claridad expositiva, probablemente fruto de sus tiempos como profesor, que muestra a un Rubalcaba más claro y menos mecánico que su contrincante conservador.

Los electores progresistas no han de tener ninguna duda de que, por solvencia y por posición: Alfredo Pérez Rubalcaba es una garantía para un gobierno que nos saque de la crisis con medidas distintas a aquellas que tanto se parecen a las que nos han metido de lleno en la crisis.

Los que voten conservador bien seguro tienen también claro que es Rajoy el que pudiera garantizarles un camino moderado frente a los halcones de su partido que se esconden agazapados en las comunidades autónomas y los ayuntamientos, las tertulias televisivas y los parlamentos de toda índole. Estaría por ver.

Hay once días por delante, además, para mostrar que además de garantizar la igualdad la izquierda es capaz de seguir impulsando la modernidad en una nación como la nuestra, tan necesitada de hacer aflorar el valor añadido de tantos creadores, jóvenes una gran parte, que son al fin y al cabo la solución a una parte evidente de nuestros problemas. Como dijo Kennedy: “La dificultad es una excusa que la historia nunca acepta”. (Publicado en DiarioProgresista.es el martes, 8 de noviembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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