Campaña retroactiva

No podía faltar en esta campaña aquellos, los conservadores, cuyo principal lema sigue siendo lo negro, las sombras y la oscuridad. Son los mismos que señalaban que España iba a ser la responsable de la quiebra del euro.

Me decía en el año 2009 un diputado del Partido Popular, irritado en un debate abierto, “parece mentira que usted no sepa” -aseguraba-, “que la Unión Europea confirma que España será la primera nación que presente suspensión de pagos arrastrando al resto de las naciones periféricas”. Meses después Grecia necesitó una buena ingesta de liquidez para salvar sus maltrechas finanzas, equilibrio aún no logrado, solución todavía a la espera.

Como el eco sonaban las voces de aquellos que, Financial Times en la mano, alardeaban de que este prestigioso y ultraconservador diario señalara a España como la próxima en caer. Fue Irlanda, lamentablemente, la que resbaló por la senda del precipicio.

En el Congreso de los Diputados la bancada de la derecha miraba con rencor al presidente del Gobierno y le acusaba de mentir por no decir a los españoles que, tras Grecia e Irlanda, estábamos intervenidos. ¿Se acuerdan?: intervenidos. Seguimos durante aquellos días los escalofriantes hechos que llevaron a Portugal a una intervención inmediata en gran parte con ayuda de España.

Seguían los gritos ensordecedores anunciando la quiebra de las finanzas del Estado, mientras, desgraciadamente, Bélgica se ponía a tiro de los mercados que especulaban con el riesgo país convertido en una piltrafa.

Italia es ya una bomba de relojería, mientras tenaces relojeros, más bien anticuarios, pretenden desactivarla mientras de lejos se siguen oyendo los eructos de un primer ministro acabado enterrado en su propia frivolidad esperpéntica.

Hace escasas semanas tuvieron que intervenir conjuntamente la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo, con el fin de poder suministrar suficientes dólares para hacer frente a los vencimientos especialmente de los bancos franceses.

Grecia, Irlanda, Portugal, Bélgica, Italia. Demasiadas víctimas para una hecatombe que se ha nutrido de la propia estupidez de los lentos funcionarios de Bruselas y de los políticos sin estatura de Estrasburgo.

España, con un sistema financiero dañado por la excesiva exposición a un mercado inmobiliario imprudente, aguanta con unos bancos tocados pero en mucha mejor situación que la de los bancos del resto de Europa. A esto hay que añadir una Deuda pública reducida en términos de PIB tras sucesivos años de equilibrio presupuestario desarrollado por los últimos gobiernos (socialistas). Y, en estos momentos, un déficit público controlado tras una serie de medidas que han hecho que España resista agarrada a una tabla en medio del naufragio europeo y que le pueda costar las elecciones al partido que sustenta el gobierno.

Sin embargo, aquellos que señalaban que España arrastraría Europa, que seríamos los primeros en caer, que éramos los responsables de la quiebra del euro, esas mentiras, aunque sea con carácter retroactivo, siguen sonando como ecos en las paredes. Porque las espetaban los mismos que ahora salen en los carteles electorales, esos que sonríen porque las encuestas les dan la cara, encantados de haberse conocido. No piden perdón, pero, son los mismos. Son los mismos. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 12 de noviembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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