Frazier

Ha muerto Joe Frazier, Smokin Joe, aquella leyenda del boxeo que nos hacía soñar a los niños de nuestra generación. Aquellos que soñábamos con Carrasco y con Velázquez  y que veíamos en Clay al gigante presumido que nos hacía reir.

Si han visto ustedes la película The help, de gran éxito en Estados Unidos y que actualmente se expone en España con el nombre de “Criadas y señoras”, se darán cuenta cómo pudo ser la vida de un negro en Carolina del Sur que naciera, ni más ni menos, que en los años cuarenta.

Joe, efectivamente, nació en Carolina y se tuvo que abrir paso, golpe a golpe, entre sus madres negras que trabajaban para señoras blancas. No estaba el cielo hecho para que una estrella negra brillara más que una avispa. Tuvo en su niñez todos los problemas que caben imaginarse y que sólo el gimnasio pudo sacarle del abismo.

Smokin Joe dejó la mandíbula de Cassius Clay hecha cristal de porcelana aquel ocho de marzo de 1971. Un primer combate entre ambos, el de Carolina contra la avispa del cuadrilátero que acabó con el presumido Alí perplejo sobre la lona sin saber donde estaba.

Combate tras combate Joe Frazier nos hacía soñar a los niños de entonces. Nos atraía mucho más el envalentonado Clay, aquel presumido holgazán que decía ser el más guapo. Nos frotábamos los ojos al ver aquellas palizas con Foreman. Y, entre ambos, Frazier, Joe Frazier: Smokin Joe.

Como un destino evidente, tras tantos combates de gloria, el gran Joe se hizo viejo, lo perdió todo y acabó viviendo en un segundo piso, encima de un gimnasio donde de vez en cuando daba clases a tantos otros que sólo deseaban hacerse una foto con él.

A Frazier le ha ganado el cáncer. Una metástasis en el hígado que le ha llevado al rincón sin respiración ni esperanza, dejando tras de sí a una parte de nosotros mismos. Tras aquel combate en el Madison Square Garden en el que Alí vio brillar las estrellas, luego llegó la venganza: un Clay pletórico que le venció dos veces seguidas. Junto con Foreman, digo, los únicos boxeadores que le vencieron.

Ahora presume desde arriba de aquel golpe, el que hizo volar a Cassius, el que le llevó a él a unas riquezas que acabaron perdiéndose para siempre. Un boxeador natural, inigualable, distinto, de Carolina del Sur. (Publicado en DiarioProgresista.es, el miércoles, 9 de noviembre de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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