Rajoy en blanco

Si algo ha puesto de manifiesto el debate del lunes ha sido la contraposición de un proyecto político frente a una hoja en blanco. ¿Se puede reflejar algo en una pared vacía?, ¿podemos comparar los españoles?

Hubiese preferido una derecha moderna que garantizara una política clara y un rumbo -sobre el que probablemente no estaría de acuerdo-, pero sobre el que pudiéramos compararnos y defender nuestras posturas socialdemócratas.

Hubiera podido saber, como en Alemania, que los socialdemócratas tenemos de quién diferenciarnos, de la CDU o de la CSU, de los unos y de los otros, frente a un proyecto conservador y lesivo probablemente a los intereses de la clase trabajadora.

Hubiera querido valorar, como en el Reino Unido, las propuestas de un Cameron español, matizable pero concreto, contrario pero contundente. Así, los laboristas británicos tienen con qué compararse, saber que existe una alternativa a lo que antes de Brown era a su vez una alternativa.

Hubiera podido saber en Francia que Sarkozy naufraga en un proyecto político conservador que busca entre los rincones un vestigio de esperanza para no morir en brazos demoscópicos. Apoyado en Hollande hubiese comparado y decidido: sí, comparado y decidido.

Hubiera querido criticar las propuestas de Berlusconi y buscar en el Congreso los votos suficientes para enviarlo a casa. Si España fuera Italia tendríamos algo tan concreto como las (verdaderamente excéntricas) medidas del dueño del mayor imperio mediático de la Península Itálica.

Pero, sin embargo, nací en España y me tengo que conformar con un folio en blanco, el resumen de todas las propuestas de Rajoy, el programa del Partido Popular, la desesperanza política como una pared también blanca sobre la que no podemos reflejarnos.

Una blanca pared donde nada está escrito, aún siendo imaginado, las medidas concretas que piensan llevar a cabo, si gobernaran, esa reforma laboral que prometen pero no especifican. La política fiscal que generalizan me gustaría conocer y nada encuentro en el tiento rugoso de la cal blanca de una pared opaca.

Así, en ese vacío conservador, sin saber qué hacer, aún imaginándolo, queda dañada la democracia, no podemos la izquierda (como se pretende) poder confrontar modelos, salvo la gestión autonómica nítidamente reaccionaria; no tendríamos con qué compararnos, pierde nuestro sistema referencia y transparencia. La democracia herida. No saben qué daño hace el silencio. Una campaña en blanco. Un candidato en blanco. (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, 11 de noviembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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