Enmienda primera

Como he dicho no pocas veces, Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista como instrumento de la clase trabajadora. No es la casa únicamente de sus militantes y, mucho menos, la profesión de sus dirigentes.

Por eso las agrupaciones locales se llaman Casas del Pueblo. Anacrónico o no, es cierto que el PSOE pertenece, por lo tanto, a todos y cada uno de los trabajadores y han de ser estos los que decidan sobre su futuro.

Pienso defender con ahínco durante la celebración del próximo Congreso, como un militante más, que se incluya en los próximos estatutos un paso más en las primarias que ya tenemos instituidas en la organización: primarias abiertas donde puedan votar todos los trabajadores, no sólo los militantes.

Como en Francia, donde dos millones y medio de trabajadores franceses decidieron a principio de octubre sobre si el candidato más adecuado era Manuel Valls, Arnaud Montebourg, Martine Aubry o FranÇois Hollande. ¡Dos millones y medio! Una espectacular lección de democracia por parte de los socialistas franceses que llevan ya la friolera de diecisiete años fuera de El Elíseo (tomen nota).

Vista la experiencia española en la que se puso en cuestión el Gobierno de la Nación con el fin de evitar que hubiera más de un candidato y que por lo tanto se celebraran primarias, debemos hacer todo lo posible para que este tipo de argucias y presiones no vuelvan a repetirse.

Se trata de la resistencia numantina que miembros de las ejecutivas presentan en los momentos de cambio. Nada mejor que la democracia y la transparencia como disolventes para renovar las estructuras, las personas y las estrategias. Así, de esta forma, evitamos que se elijan a sí mismos.

Transparencia como la del Partido Socialista francés que tuvo al país pendiente durante un mes de debate en unas elecciones primarias a dos vueltas. Tres debates televisivos consiguieron mostrar a toda Francia que la izquierda es más democrática. Se logró también colar el mensaje y plantear todo nuestro acervo, poner sobre la mesa nuestras propuestas y nuestro horizonte.

Envidia de la derecha, el único que supo reconocerlo fue FranÇois Fillon quien alabó la capacidad democrática e innovadora de los socialistas franceses. Un órdago que ha supuesto un revulsivo para Francia, para la izquierda francesa, y que ha colocado en primer término y a bastante distancia al PS sobre cualquier candidato de la derecha, convirtiendo en saliente al jacarandoso Nicolás Sarkozy.

La idea en este sentido sobre la que debemos trabajar es la de que el partido pertenece a la clase trabajadora, a nadie más, y que es ésta la única que debe decidir sobre quien presenta en unas elecciones. Ser militante significa ser un trabajador más comprometido, pero no garantiza tener un voto más que un trabajador menos cercano.

Ser dirigente, para mayor abundamiento, supone una dedicación emanada de la orientación que establezcan los militantes en representación de la clase trabajadora que es, al fin y al cabo, a quien se debe y a quien pertenece la organización. Se trata de devolver a la clase trabajadora lo que le pertenece. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 29 de noviembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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