José Luis Sampedro

José Luis Sampedro tiene el acento del hombre sabio por el que el tiempo ha recorrido sus principales etapas dejando en la orilla la sabiduría de verlo todo en la distancia.

Vengo a escribir sobre él casi las mismas letras que mostré, negro sobre blanco, cuando le dieron el premio anterior. Cabe preguntarse si los que fuimos alumnos de los alumnos de la generación de los Sampedro, Velarde o Perpiñá, aquellos que luego nos encontramos a estos en el doctorado, hemos sabido heredar el sosiego de ver la estructura económica como el lugar donde reposa el tiempo.

El profesor Sampedro ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Letras. Rafael Martínez Cortiña, discípulo de Sampedro, me dijo un día : -“Mira, Antonio Miguel, José Luis en pleno apogeo de su cátedra de Estructura Económica me decía que lo que quería era escribir novelas, que lo que verdaderamente le gustaba, su vocación, era la literatura. Venía por las mañanas con la ilusión de enseñarme las últimas páginas redactadas en la Olivetti”.

Un buen día Juan Velarde nos contgaba que sería bueno repasar la vida de nuestros grandes economistas : y citó a Sampedro.

José Luis Sampedro es un hombre del Renacimiento. Se queda escasa la palabra polifacético para este economista de noventa y tres años. Con veintitantos se hizo funcionario de Aduanas, se casa y termina de estudiar Economía con Premio Extraordinario. Catedrático de Estructura Económica desde 1955 fue para mi un placer -según avanzaba mi tesis doctoral-, leer su primera obra : Principios prácticos de localización industrial (1957). Luego vinieron Realidad económica y análisis estructural (1959) o Conciencia del subdesarrollo (1973) que tanto dieron que hablar durante generaciones.

Pero la aportación más deslumbrante del doctor Sampedro lo fue, sin lugar a dudas, al análisis estructural. Los elementos de la estructura económica se interrelacionan entre sí formando una malla que perdura y establece las condiciones para las relaciones más o menos intensas en lo que se ha venido en llamar la realidad económica.

Crítico con el neoliberalismo capitalista (positivismo alejando del verdadero liberalismo), observó con perplejidad como las generaciones de nuevos economistas eran contaminados por el análisis neoclásico, el cortoplacismo y el desprecio a los avances del siglo XX en el análisis económico y sistémico. Desde la crítica al agotamiento de los recursos y la defensa de una economía sostenible, el quehacer de un buen economista debe situar al hombre y a la mujer en el centro de la realidad económica, de la política económica y de la estructura social.

Creador del Centro de Estudios e Investigaciones observa con cierta perplejidad como el régimen de Francisco Franco (el hermano de Ramón) le cierra la institución. Temeroso de que sobre las espaldas de su familia recayera la situación que bajo el régimen estaban viviendo los profesores Tierno Galván y Aranguren, se hizo profesor visitante de las universidades de Salford y Liverpool.

Si un economista es ajeno a la política se transforma en un mero contador de ovejas. En 1977 es nombrado senador por designación real, cargo desde el que pudo contemplar la transición democrática de nuestro país.

Pero por el gran público es conocido, sin embargo, como autor de numerosas obras literarias –eso es lo que él quería, me decía Cortiña-, entre las que destacan La sonrisa etrusca, El amante lesbiano o El río que nos lleva, ésta última llevada maravillosamente bien al cine por el director Antonio del Real. Fue nombrado miembro de la Real Academia Española en 1990 por su vocación literaria y su formación humanista.

La muerte le deja una de sus mayores cicatrices : el fallecimiento en 1986 de su esposa Isabel. Quizás ese fuera el momento definitivo en el que el profesor Sampedro toma distancia con el tiempo.

Le dan el Premio Nacional de las Letras : merecido para este pensador casi centenario que puebla de paseos las calles de Madrid. Los alumnos de sus alumnos somos sus alumnos. En un momento en el que el análisis económico está tan lleno de confusión, manchado por la politiquería y el cortoplacismo, alcanzando niveles intelectuales que nos retrotraen varios siglos, quedan para nosotros sus lecturas, su conversación y sus paseos. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, uno de diciembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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