Un pastor de Kentucky

Ser minoría no significa dejar de tener razón, dejar de luchar y de sentir lo que se piensa: las ideas a flor de piel. Ser mayoría, por otra parte, posee la fuerza que impone legítimamente la democracia pero que no tiene por qué llevar a cuestas la razón.

Stella Harville es una joven estudiante de ingeniería óptica de poco más de veinte años de la Universidad de Indiana. Vuelve algunos fines de semana a uno de los condados más profundos del viejo Kentucky donde nació.

Hace algunas semanas Stella se presentó en la iglesia de su ciudad natal para presentar a su novio a la comunidad. Una comunidad, tan republicana como evangelista, que la recibió con los brazos abiertos. Un novio, Ticha Chikuni, sólo algunos años mayor que ella, negro de tez, natural de Zimbabue, empleado de un colegio cercano a la universidad donde estudia Stella.

Pensaron que la mejor forma de presentar su amor a la comunidad era interpretar una canción religiosa, ella al piano, él cantando una de esas canciones de iglesia que tanto animan a creer en el más allá. Tras el comienzo, sorprendidos, fueron interrumpidos por el pastor Thompson quien les espetó que los matrimonios interraciales no estaban bien vistos por la comunidad.

El revuelo en el condado no se hizo esperar. Los escasos votantes demócratas enseguida se dejaron ver, quizás, apabullados por la prensa local, de forma tan tímida como inútil (¿les suena?). Recordaron los más atrevidos que hace casi cincuenta años el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América prohibió las normas que fomentaran la segregación racial.

Thompson, a pesar de tener la ley en contra, días después elevó su voz en el púlpito: la comunidad, dijo, pertenece a los feligreses y ningún funcionario de Washington impediría que una iglesia libre decidiera libremente. Convocó un referndum.

Aquel domingo los feligreses se dispusieron a ir a votar. Stella, ahora ya más orgullosa que avergonzada, el propio Thompson quien organizaba la consulta, las familias, los creyentes, la comunidad. Algunos votos en contra de la propuesta de Thompson, más votos a favor y un apabullante grupo de abstencionistas cobardes que dieron la victoria al reverendo.

La mayoría en democracia, en el marco de la ley, otorga una capacidad de decisión que no puede ni por asomo estar en contra de la norma, ni desanimar a aquellos que ahora somos minoría porque puede que, quizás, tengamos razón, puede que algún día podamos ser mayoría.

Stella Harville volvió a su universidad donde continúa esperando acabar la carrera para casarse, quizás en tierras más lejanas, probablemente más al norte, con Ticha, quien le está esperando y llamándola por teléfono todas las tardes, Sin falta, todas las tardes, todas. (Publicado en DiarioProgresista.es, el domingo, cuatro de diciembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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