Wilson y la vocación política

Una de las cuestiones que nos trae la pérdida de valores y el desapegado comportamiento de algunos políticos, es el abandono por parte de muchos jóvenes de una vocación, la política, que bien seguro poseen y que una barrera de entrada les impide desarrollar.

Aquel niño de ocho años soñaba con ser político mientras le fotografiaban en la puerta del 10 de Downing Street, retrato que, años después, se utilizaría en la campaña que le llevó a ocupar la silla de primer ministro.

Hijo del político liberal, Herbert Wilson, Harold comenzó en política también de la mano del Partido Liberal para posteriormente trasladarse sin esfuerzo al Partido Laborista, llegando definitivamente a liderarlo a principios de los sesenta.

Este profesor de Economía, especialista en Estadística, fue el encargado en los años cuarenta de la aplicación de los fundamentos estadísticos del Ministerio de la Energía y de la redacción de la Ley de Estadística y Comercio. Fue nombrado diputado en 1945 en aquellas elecciones que llevaron a Clement Atlee a Downing Stret, siendo el joven Harold Wilson responsable de varios departamentos de aquel Gobierno. Ya desde el principio se adhirió al ala izquierdista del labour, llegando a decir que “este partido es una cruzada moral o no es nada”.

Cuando alcanzó el liderazgo del partido en 1963 pretendió inferirle un rearme ideológico : quiso redefinir al socialismo en relación a la revolución científica. Los conservadores, mientras tanto, le miraban con recelo por sus continuos viajes a la Unión Soviética. Sin embargo, fue capaz de ganar las elecciones en 1964 y en 1966, haciendo célebre aquella foto en la que aparecía con cuatro cantantes de Liverpool : The Beatles. Llevó a cabo un gobierno empeñado en mantener al Reino Unido por la senda del progreso y la socialdemocracia ; intentó de forma contundente, frenar las agresiones conservadoras a los avances de Atlee : “la única institución humana que rechaza el progreso es el cementerio”. Si viera las contrarreformas actuales de Cameron, en las que de un plumazo el neoconservador está aniquilando el Estado de Bienestar británico, acabaría pensando que su esfuerzo pudiera ser vano.

Fueron los problemas internacionales –las revueltas de Rodhesia y el fracaso de su integración en la CEE-, los que le llevaron a la derrota en 1970 frente a su oponente conservador, músico y amigo Edward Heath. Sin embargo, las elecciones de 1974 recuperaron al laborista para la residencia de primer ministro. En 1976 anunció su dimisión, siendo sustituido por el simpático James Callagham, argumentando que siempre había calculado retirarse a los sesenta años, si bien sospechaba de una extraña evolución de su mente, pérdida de memoria y escasez de reflejos que vino a ser, como descubrió más tarde, Alzheimer.

Aquel niño de la foto, con aquella camisa blanca, se convirtió a lo largo de los años en una de las referencias más importantes de la historia de la izquierda europea. ¿Cuántos de nuestros jóvenes desean dedicarse a la política y, sin embargo, se les impide sin razón? (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, dos de diciembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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