Conservadores en Marsella

Como si las huestes de Carlos X se resistieran a dejar el poder los conservadores europeos, la mayoría en retirada, se reúnen en Marsella con el fin de poner en común cómo coordinar sus propuestas frente a Europa.

Si tomamos en consideración a las principales naciones del continente, en la mayoría de ellas, parece que los conservadores van a dejar el gobierno. En Alemania la ventaja demoscópica del SPD es bastante holgada; Francia parece apostar por Hollande frente a un desconcertado Sarkozy; en el Reino Unido es sorprendente cómo en pocos meses los laboristas están muy por delante de Cameron; en Italia ni les cuento la degradación patética de la derecha.

España, contracorriente, ha mostrado el pasado 20 de noviembre un mantenimiento del voto conservador y un derrumbe, por el contrario, del voto de los socialdemócratas, motivo por el cual la ausencia de los votantes de estos llevarán a la investidura a aquellos.

El presidente in pectore, Mariano Rajoy, asiste mientras tanto en Marsella a un encuentro del Partido Popular Europeo en el que sus líderes están de salida y, sin embargo, tratan de implantar en la Unión un nuevo estatuto lesivo para los intereses de la Europa a la que pretendíamos dirigirnos en Maastrich.

Ayer Rajoy se reunió con Timothy Geithner, el Secretario del Tesoro norteamericano, y éste, una vez más, señaló la conveniencia de que el Banco Central Europeo fuera más activo a la hora de suministrar liquidez, oxígeno, a un sistema financiero paralizado, asfixiado, convulso.

Hoy, sin embargo, Mariano Rajoy escuchará de boca de esos líderes tan poco carismáticos en este continente en el que vivimos, que la soberanía de las naciones está por encima de una unión tan particular como ésta. Que sólo la cooperación, como mucho, podrá garantizar el desarrollo de un puzzle aún conservador llamado Europa.

Rajoy, menos prudente que de costumbre, ya ha adelantado que está de acuerdo con la idea de la no-Europa que proponen Merkel y Sarkozy. Ya ha señalado que su primera medida va a ser desarrollar la estabilidad presupuestaria como argumento alemán. Que su disposición es apoyar (acatar) lo que dicen sus dos grandes referencias continentales.

Pero España no sólo tiene la grandeza de saber estar en Europa, sino que tiene la obligación de apostar por Europa. El próximo Gobierno de la Nación ha de tener bien clara la necesidad de más Europa frente a una crisis ingobernable. Autonomía para el Banco Central Europeo, una política financiera activa y general, una política monetaria que vele por el crecimiento y no solo por la estabilidad de precios, una Comisión con menos funcionarios pero con más ideas, entidades supranacionales de verdad, una política fiscal común, un lugar de los ciudadanos y no de los Estados. Marsella va en sentido contrario y España también. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 8 de diciembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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