La Constitución de espaldas

Ayer se celebró en la carrera de San Jerónimo el día de la Constitución, aprobada por todos los españoles en 1978, y cuyo acto ha servido como espejo para mostrar el escaso nivel de no pocos políticos de nuestra nación.

La Constitución no puede estar más que de espaldas a aquellos dirigentes, como Mariano Rajoy, cuya principal preocupación, según relataba ayer, es establecer una ley de desarrollo de la reforma constitucional para el establecimiento de un techo de gasto, el control del déficit y asegurar la estabilidad presupuestaria.

Siendo cierto que no podemos endeudarnos en una Europa cuyos mercados están mudos, sus mandatarios sordos y su banco central ciego, eso no significa que tengamos que instalarlo en la norma. Pero, lo peor, es que algo tan grave como coyuntural haya que introducirlo, y desarrollarlo, en el articulado como prioridad de un gobierno entrante asustado.

La reforma de la Constitución ha de hacerse para avanzar en la participación democrática de los ciudadanos y sólo con el consenso, las propuestas y la iniciativa de estos. Toda reforma parida en los despachos no es más que colocar la carta magna de espaldas a los electores por parte de aquellos que deberían, en todo caso, velar por ella.

Peor aún; poder vislumbrar en el horizonte que dos mandatarios conservadores, encima, nos intentan imponer una constitución europea hecha en el centro de Europa, bajo los ideales de la reacción y los intereses financieros más espurios, dan ganas de llorar. Una cosa es ceder soberanía, pero, peor aún, es ceder la soberanía de cada ciudadano cuando Mariano Rajoy, ayer, aseguraba que apoyaría (prácticamente) cualquier propuesta de nueva constitución europea de esos dos pigmeos políticos en fase de salida llamados Merkel y Sarkozy.

Dos bemoles ha tenido el Portavoz de Economía de la Comisión de Economía, Amadeu Altajaf, señalando que espera que España se implique en las propuestas europeas y se implique con ellas a velocidad de crucero. ¿Pero qué propuestas?, ¿en qué ha quedado la Comisión?, ¿pero cuál es la política económica de la Unión?, ¿quién narices es ese Altajaf para espetar algo tan impertinente como absurdo?

Y, para mayor abundamiento, se colocan de espaldas a la Constitución, la española, IU y los nacionalistas de Amaiur, BNG, ICV, GEroa Bai, ERC, PNV y, sorprendentemente, CiU. Algunos de estos, expertos en aldeanismo, muestran un soberano desprecio al deber que les exige no regalar la norma básica a los conservadores y permitir que la coloquen de espaldas a la gente.

Total, mala es la época en la que la Constitución es colocada por los conservadores de  espaldas a la gente, y una futura norma europea que se hará exactamente contra la gente. Y los minoritarios a por uvas, la Corona preocupada por la familia y el recuerdo de aquel referendum constitucional todavía en la memoria.

Vendrán mejores días. Días en los que los socialdemócratas de este país tomen las riendas de procurar que la Constitución vuelva a formar parte de la gente y no se le regale a los mercados financieros. En los que se apueste por la prosperidad de las familias y las empresas, el arte y la cultura, la innovación y la ciencia, las exportaciones y el emprendimiento, y no por la de las instituciones financieras que hacen trampas, los intelectuales de tres al cuarto y los políticos de medio pelo. (Publicado en DiarioProgresista.es, el miércoles, 7 de diciembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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