La cumbre alemana

La Cumbre de Jefes de Estado no avanzará en una Europa más comprometida con la Unión, sino en ese puzzle de intereses, a veces inconfesables, dominado ya casi en su totalidad por la sombra alargada de los conservadores alemanes.

No es la Europa que soñamos. No es la Europa en la que las instituciones supranacionales se dirijan a los ciudadanos sin la mediación de los Estados. Es, de nuevo, la Europa de los mercaderes, de los intereses soberanos generosos (si acaso) en la cooperación. La peor Europa: la de los conservadores.

Alemania, líder de la reacción del continente, apuesta por la austeridad, por velar por sus ahorros, incluso reformando las constituciones de otras naciones, ¡de otras naciones!, para que no haya déficit; imponiendo además sanciones a través, defienden, del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Aprovechando esta solución errónea los conservadores de Estados y regiones impulsan cambios de modelo y privatizaciones.

De rodillas, como un aldeano en forma de siervo ante el dueño de las tierras, boina circundante, Nicolás Sarkozy ha logrado apoyo para sus bancos y se la ha envainado con los eurobonos, aceptando incluso todas las propuestas de Merkel, sin olvidar la susodicha reforma constitucional en la República de Francia para la limitación del déficit, cuestión de imposible puesta en práctica dada la oposición del partido socialista sin cuyo apoyo no saldría adelante (me refiero, claro, a socialistas franceses).

Italia está plegada ante su inoperancia para afrontar los próximos vencimientos de su deuda soberana. Irlanda está asustada y teme que la propuesta alemana de converger el Impuesto de Sociedades dañe a su principal hito, la bajada de este tributo, en la política económica de Dublín de los últimos años. Grecia tiembla ante la posibilidad de que Alemania deje de apoyar los acuerdos de 26 de octubre en los que se proponía una quita de su deuda y la aplicación de una segunda inyección del fondo de ayuda. Holanda, en las puertas de la recesión, necesita urgentemente capital privado para poder respirar especialmente a partir del ahorro de los alemanes. Todos plegados.

Con la convicción de los niños ante la llegada de la señorita, Polonia, Portugal, Lituania, Letonia y Estonia, sólo pretenden sobrevivir. España, más despistada que ninguna, dice a todo que sí por boca de su presidente entrante, Mariano Rajoy, cuyas ganas de agradar en Marsella le ha hecho contradecirse ante las distintas versiones manifestadas.

El Reino Unido, fortalecido por su independencia con respecto a la moneda, no apoyará ningún tratado que le obligue a convocar un referendum para modificar el existente. Suecia, por su parte, titubea sobre si formar parte del euro y mantiene, con unas cifras de crecimiento envidiables, una posición absolutamente autónoma. Si se dan cuenta sólo aquellas naciones ajenas al euro no se pliegan a la dictadura de la exmilitante de las Juventudes Comunistas de la RDA.

Es evidente: Europa, o no existe, o tiene como capital Berlín. (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, 9 de diciembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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