Ley de Parkinson

Llevamos una semana, con sus días y sus noches, escuchando hora tras hora a aquellos que critican el largo puente que nos ha tocado vivir, Constitución e Inmaculada, argumentando sin sentido que los españoles ocupados trabajamos poco.

Las cifras son demoledoras: los españoles ocupados, al contrario de lo que se piensa, trabajamos mucho. Mucho y mal. Somos el primer país de Europa y el cuarto del mundo en el que más horas trabajamos por empleado. Con datos europeos en la mano los españoles que conservan un puesto de trabajo dedican al año a su trabajo 1.775 horas, los franceses 1.620, los británicos 1.607, los suecos 1.601, los alemanes 1.462 y los holandeses 1.413.

El historiador británico, Cyril Northcote Parkinson, observó a principios de siglo XX cómo conforme el Imperio de su Majestad iba perdiendo colonias, paradójicamente el número de funcionarios destinados a las mismas aumentaba. Años más tarde redactó un magnífico artículo en la revista The Economist (1955) en el que especificaba una teoría verdaderamente singular.

Su teoría, a la que él quizás exageradamente elevó a ley para editar un libro al respecto, señala, muy acertadamente, que el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible.

En ese sentido, cuando colocas a un hombre o una mujer en una función, éste, cumplidos sus objetivos, tiende a expandir su trabajo dedicándose a hacer tareas marginalmente menos importantes, a veces actividades innecesarias que redundan en la generación de mucho menor valor añadido por hora.

En ese sentido, sabiendo que los españoles trabajan demasiadas horas y que lo hacen de forma menos productiva, los defensores de reducir las fiestas, de criticar cada uno de los ojos del puente, convierten el debate en una cuestión espuria y, a veces, reaccionaria.

Nuestro problema, empero, es la productividad. La escasez de capital físico, la formación de nuestros trabajadores y, sobre todo, la ausencia de tecnología, hace que para hacer lo mismo un trabajador alemán dedique 350 horas menos al año que un español.

(Publicado el lunes, 12 de diciembre de 2011, en Diario de Burgos, Diario de Ávila, El Adelantado de Segovia, Diario Palentino, La Tribuna de Toledo, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Albacete y la Tribuna de Talavera).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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One Response to Ley de Parkinson

  1. Manuel says:

    Me enteré de la existencia de esta ‘Ley’ en un tratado de Epistemología, donde era citada como ejemplo y se discutía si cumplía uno de los requisitos fundamentals para ser Ley, como el de carecer de excepciones, o era simplemente un Aforismo. Al igual que con la cacareada Ley de Murphy, me inclino en ambas por el Aforismo.
    Con independencia de este debate, su lectura me trajo a la mente la percepción que tenía, simplemente al observar ciertos comportamientos de nuestros clase política, de que era el caldo de cultivo ideal para propagar le mediocridad. Por ello las resumí en un simple proposición: ” la burocracia se autogenera y actúa como caldo de cultivo para propagar la mediocridad”.

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