Unidad envenenada

Algunos socialistas y otros conservadores, han propuesto como fórmula para salir de la crisis compartir instituciones para que los dos partidos políticos remen en el mismo sentido. Nada más equivocado para el país y para la izquierda.

La conformación de un gobierno de concentración, como propone Durán Lleida, o aceptar la píldora envenenada de los conservadores para que los socialdemócratas españoles formen parte de las medidas que se proponen, es lesivo para los intereses de España y de la propia izquierda.

El consenso, no seré yo quien diga lo contrario, ha hecho de nuestro país uno próspero entre las naciones de Europa. El disenso, protagonista de nuestra historia, sólo nos ha traído quebraderos de cabeza. Sin embargo, bien distinto es diluir la oposición en una unidad ficticia.

Efectivamente: una cuestión básica supone diferenciar entre el consenso y la unidad. Apoyaremos al Partido Popular en todo aquello que necesite para sacar este país adelante. Nuestras ideas se harán hueco en el Congreso y en el Senado ayudando, como no podía ser menos, para salir lo más fortalecidos de la crisis. No seremos, porque no va con nosotros, esa oposición desleal de la que hicieron gala los conservadores estas dos últimas legislaturas.

Pero, una cosa es el consenso, y, otra bien distinta la unidad en las instituciones. Eso supondría que la labor dialéctica de la oposición se diluyera y que este país no contara con una fuerza alternativa dispuesta a formar gobierno nuevamente.

Ese fue el error que cometieron los socialdemócratas alemanes al conformar un gobierno de coalición con la CDU de Ángela Merkel en 2005, creyendo que repetirían el desenlace de 1966, y del que les ha costado años reponerse.

El líder de los laboristas británicos, Ramsay MacDonald, primer ministro en 1924, alcanzó una formidable victoria en 1929, en las puertas de la depresión. Defensor de establecer un gobierno de unidad con los conservadores, dimitió en 1931, alcanzó empero un acuerdo con torys y liberales, logró formar gobierno como primer ministro hasta 1935, partiendo en dos al partido laborista y siendo expulsado de la organización.

El valor del partido socialista está en su propia autonomía. Sumamos más siendo una oposición leal, aportando ideas, votando a favor de aquello que creemos mejor para España, sus ciudadano y sus trabajadores, que confundiéndonos equivocadamente en instituciones. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 13 de diciembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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