Chirac

El Tribunal de París ha dictado sentencia: el expresidente de la República tendrá que pasar dos años de cárcel con condicional por consentir un sistema de corrupción en su etapa de alcalde de la villa.

Durante aquellos años de regidor de la capital de Francia, desde 1977 hasta 1995 malversó fondos públicos y practicó abuso de confianza en determinadas actuaciones que son constitutivas de delito y que justifican la sentencia. Unos treinta empleados de su partido, Reagrupamiento por la República, así como un conocido grupo de amigos, recibían un sueldo del ayuntamiento sin que, ni los empleados, ni los amigos, ejercieran actividad alguna en el consistorio.

Una forma de financiar ilegalmente al RPR de tal manera que este grupo de personas, con cargo en el presupuesto municipal, desarrollaban un trabajo político particular. A esto hay que añadir, empero, la existencia de un grupo de amigos que, ni siquiera trabajando para la organización de derechas, recibían una renta mensual por nada.

Quedan en su biografía aquellos años en los que el ministro Pompidou, siendo Chirac secretario de Estado, le animaba a tener una florenciente vida política. De hecho, cuando aquel accedió a la presidencia de Francia llevó al entonces aún joven Jacques al gabinete.

Enfrentado posteriormente con Giscard se conservan en la retina de muchos sus choques dialécticos con Miterrand de los que no siempre salió precisamente favorecido.

Pudo Chirac evitar el juicio durante la friolera de quince años al ser, como se sabe, Presidente de Francia. Pero, el mismo día que dejó la presidencia, aquella mañana de 2007, supo que la justicia de los tribunales de Francia iba a ser implacable.

Echando un vistazo a la prensa francesa apenas veo que a nadie se le ocurra decir que el expresidente sufre una persecución de fiscales, jueces o policías; no encuentro a nadie que saque a relucir por comparación la corrupción de otros para justificar ésta; no leo, tampoco, que nadie diga que no tiene importancia, que para treinta sueldos de nada, como si fueran, como dicen algunos, varios trajes de poca monta.

No se trata de comparar la justicia española con la francesa, sino de sopesar el comportamiento de la política española con la de Francia. Mala es la época en la que los cargos públicos cuestionan a la policía, a los fiscales o a los jueces en función de si el imputado es compañero de partido o no. (Publicado en DiarioProgresista.es, el viernes, 16 de diciembre de 2011).

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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