Allais

Reaccionamos con una mayor virulencia cuando se introduce de forma novedosa una probabilidad aunque remota de producirse un fenómeno no deseado. Si nos dicen de repente que existe una posibilidad sobre un millón de que el filete que tomamos contenga un poderosísimo virus, dejamos por una temporada de comer carne. Lo mismo ocurre en la economía, los mercados de crédito y el sistema financiero.

Vivimos unos momentos en los que por mínima que sea una situación indeseada de quiebra, ruina, impago o desempleo, nos produce una aversión a la inversión y al consumo, mucho más allá de lo razonable.

La mínima probabilidad antes inexistente de perder nuestros ahorros ante la quiebra de una institución financiera, la de perder nuestro valor en bolsa ante la probabilidad también inexistente hace un par de años de que esto se produjera, la de que se transforme en insolvente un prestatario de toda la vida, de que quiebre la firma sobre la que estamos invertidos, la de perder nuestro puesto de trabajo, nos hace tomar decisiones defensivas más allá del riesgo que define dicha probabilidad.

Antes de partir hacia Estados Unidos, uno de mis maestros, amigo y responsable de aquel viaje, Luis Rodríguez Sáinz -catedrático de Política Económica-, me recomendó visitar a uno de los más conocidos profesores de la universidad a la que me recomendó : Gérard Debreu (Premio Nobel de Economía en 1983, francés nacionalizado norteamericano).

Debreu tuvo  como maestro –entre otros-, al insigne profesor Maurice Allais, quien me andaba deslumbrando por aquel entonces con sus formulaciones sobre la sistematización de la incertidumbre. Opté por leer a Allais en vez de visitar a su discípulo.

Maurice Allais, ingeniero, se orientó hacia la economía por el impacto que le supuso la crisis del veintinueve en los Estados Unidos. Prolífico autor sobre microeconomía, monopolios y tipos de interés, más bien es conocido por sus investigaciones sobre la adopción de decisiones racionales en condiciones inciertas. Recibió el Premio Nobel cinco años después que su discípulo, en 1988, si bien, como dijo Paul Samuelson, Maurice hubiese alcanzado con anterioridad el Premio Nobel de Economía si su obra la hubiese escrito en inglés.

Es a principios de los cincuenta cuando Allais escribió “Le comportement de l´homme rationnel devant le risque :  critique des postulats et axiomes de l´ecole americaine” (Econometrica, 1953), una obra que revolucionó el mundo de la Economía.

Imaginemos dos opciones a tomar. Opción A : una ruleta en la que de cien números, si toca del 1 al 49 nos pagan 1.100 euros, si sale el 50 nos pagan 0 y si sale del 51 al 100 nos pagan 1.000 euros ; o la Opción B en la que si sale del 1 al 50 nos pagan 1.000 euros, si sale del 51 al 100 nos pagan 1.000 euros. ¿Qué decisión tomaríamos? : seguramente la B. A pesar de que el valor esperado es superior en la opción A, elegiríamos la B ante la aversión que nos produce que exista una sola posibilidad de no obtener esta ganancia (nuestra utilidad).

Imaginemos ahora otras dos opciones distintas. Opción X : una ruleta en la que de cien números, si toca del 1 al 30 recibiremos 1.100 euros, y si toca del 31 al 100 no se nos pagará nada. Opción Y : la misma ruleta en la que también de cien números, si toca del 1 al 30 el premio será de 1.000 euros, si toca el 31 el premio también será de 1.000 euros, y del 32 al 100 el premio será de cero euros. La opción que mayoritariamente se elige es la X. Es decir, ante un cierto grado de probabilidad se asume con mayor facilidad el riesgo.

Las decisiones entre A y B y entre X e Y son distintas poniendo en tela de juicio no sólo la teoría del Valor Esperado sino también de la Utilidad Esperada : son decisiones para un mismo individuo aparentemente contradictorias. Quiere esto decir que la reacción social ante riesgos nuevos es muy contundente ; ante nuevas situaciones nuestra mente reacciona de forma más alarmante que el que cabría esperar de su probabilidad medida. Es decir, ligeras variaciones de la oferta o de las situaciones en general pueden provocar modificaciones sustanciales en las conductas humanas. Es lo que se ha venido en llamar la Paradoja de Allais.

Por poner un ejemplo aún más claro, la Paradoja de Allais explica que las cotizaciones de algunas empresas estén situadas por debajo de lo que cabría esperar de ellas, mostrando PER muy sugestivos e, incluso, mostrando un valor de cotización por debajo del valor de balance.

Esto significa que hasta que no se elimine la probabilidad de que uno de cada cien bancos esté enfermo, o la probabilidad de que uno de cada cincuenta compañías esté en una no reconocida situación de quiebra, la aversión al riesgo nos hará replegar nuestros ahorros y nuestra inversión financiera.

Las decisiones de las autoridades económicas han de tener en cuenta esta paradoja. Mientras exista una probabilidad de desastre para nuestra inversión, no nos atreveremos a invertir. Eliminar la sensación que produce esa probabilidad a través de medidas que garanticen el flujo del ahorro y de la inversión se impone por parte de los responsables de la política económica, especialmente de la política financiera. (Publicado en DiarioProgresista.es, el domingo, 15 de enero de 2012).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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