Derroche conservador

Pareció un alarde de honradez intelectual cuando Soraya Sáenz de Santamaría explicó en su primera rueda de prensa tras el primer Consejo de Ministros que el déficit público era mayor por culpa de las regiones por ellos gobernadas.

Una honradez intelectual que días después Cristóbal Montoro rectificaría en el Congreso de los Diputados señalando que se debía a la pérfida herencia recibida. Tuvimos, algunos, que esgrimir la portada de (casi) todos los periódicos en los que Mariano Rajoy reconocía que la desviación se había producido en las regiones gobernadas por la derecha.

La primera comunidad autónoma intervenida ha sido la de Valencia, región que no pudo afrontar un pago al Deutsche a finales de diciembre y que tuvo que ser avalada (oralmente) por la dirección general del Tesoro. Un buen ejemplo de derroche conservador.

Cataluña (24.000 millones de euros), Valencia (18.000) y Madrid (14.000) son las regiones más endeudadas de España. Bien es cierto que el más elevado marco competencial catalán reduce (en parte) la presión sobre la deuda catalana, colocando a Valencia y parcialmente a Madrid en el abismo de los problemas de tesorería.

En cuanto a solvencia Valencia es la región de España con más deuda por habitante y por PIB. Pero, en relación a la liquidez, los problemas del resto de las comunidades autónomas, especialmente las gobernadas por el PP, no son pequeños.

No cabe el ridículo de señalar, como se ha dicho, que Madrid cumplió (por fin) el objetivo de déficit este último año programado (que no ejecutado), tras haber generado 6.000 millones de euros de déficit y haber aumentado la deuda pública un 50% durante estos ocho años de Aguirre que han parecido ochenta.

Las cuentas de Rajoy han salido mal, entonces, por culpa de los errores, el derroche y la opacidad de las regiones populares. Un derroche, como en Valencia, que ha tenido como graves ejemplos la construcción de un aeropuerto sin aviones en Castellón, las pérdidas del Gran Premio de Fórmula 1 o la manipulación de RTVV.

Sólo cuatro empresas de la Generalitat valenciana dilapidaron en los últimos años más de cinco mil millones de euros. La Sociedad Proyectos Temáticos, el Circuito del Motor, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o RTVV, tuvieron que ser subvencionadas (a fondo perdido) por valor de 2.755 millones de euros, y, aún así, generaron una deuda de 2.507 millones de euros.

Tanto derroche -más bien tanta estupidez-, ha supuesto que ahora el Colegio Ramiro Izquierdo de Castellón  haya escrito una circular a los padres diciéndoles que no pueden pagar ni la luz, ni a los profesores, dado que la Generalitat valenciana no tiene con qué pagarles los 104.000 euros que le deben.

Y así están en Valencia 450 colegios, 225.000 niños y niñas que no entienden por qué se les baja la temperatura de las aulas para ahorrar calefacción. En algunos centros se mantienen con los abriguitos puestos disfrutando de los juegos y los ejercicios que, como todos los años, les mandan los profesores. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 14 de enero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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