Descalificaciones

Ha comenzado la convulsión en el PSOE, como un terremoto previsible, en el que se mezclan las buenas ideas con las descalificaciones grotescas, la voluntad medida con la dirigida intención de situarse.

Llevan razón aquellos que demandan evitar los calificativos y que abrieron el debate con un documento que, al menos, ha servido para reaccionar tras un mes de silencio y heridas. Y no la llevan aquellos que, desde el rencor, levantan el dedo acusador por la labor de algunos miembros del gobierno que tuvo sus luces y sus sombras.

Luz y taquígrafos, micrófonos y urnas, negro sobre blanco, para poder debatir ampliamente sobre ideas y personas. Y sentido común en tanto en cuanto no vale arengar ahora contra determinados miembros del gobierno saliente lo que no se atrevieron ni a musitar desde los escaños que aplaudían con fervor las sombras y las luces.

Como esto está empezando debemos dejar claro que las reglas del debate pasan por una participación amplia de militantes y ciudadanos. Me resulta más relevante la opinión de un joven catedrático de microbiología que milita en una agrupación de cualquier distrito de Madrid que la de aquel profesional de la política que lleva desde que le empezó a crecer pelo en un cargo institucional.

Pudiera parecer más sincera la opinión de aquel trabajador asalariado afiliado al partido que la de algunos diputados que ni se les conoce ni se les espera (tanto en la derecha como en la izquierda). Es tiempo por lo tanto de dar voz a muchos socialistas que desean participar sobre ideas y sobre personas. Socialistas que militan sin saber qué hacer. Aquellos también que aún votan las listas que llevan el nombre del PSOE, incluyendo aquellos que ya no votan pero que desearían tener una excusa para hacerlo, o los que no nos han votado nunca pero que piensan como nosotros.

Necesitamos un partido que abra las ventanas y las puertas, entre otras razones para que puedan entrar muchos de los que están ahí fuera y que son tan socialistas como el primero de los dirigentes. Porque este partido pertenece a la clase trabajadora, incluyendo (pero no solo) a sus militantes.

Ahora es tiempo de hacer un congreso participativo, donde los militantes marquen el ritmo, los ciudadanos la melodía de una letra que se escribió hace más de un siglo. Nada sin los afiliados, nada de espaldas a los trabajadores, menos acampar en el silencio para descalificar propuestas. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado, 24 de diciembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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