El profesor Schneider

Soraya Sáenz de Santamaría se presentó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros y, solemnemente, presentó -como el bálsamo de Fierabrás-, un ambicioso plan de lucha contra el fraude y la economía sumergida.

El profesor Schenider se mesaba su barba blanca en el despacho de la Universidad de Linz. El pelo cano le hacía mayor de lo que es, o, quizás, por la costumbre reiterada de que todos los analistas le hagan la misma pregunta: ¿cuál es el porcentaje de economía sumergida en mi país?

Friedrich Schneider se ha hecho un experto en calcular indiciariamente el porcentaje de dinero negro que fluye por el mercado. Para España calcula que un 20% de nuestra economía es opaca a Hacienda. Una cifra que según Gestha se queda corta, elevándola, sin disimulo, hasta el 25%.

A esto hay que sumar los 80.000 millones de euros que esos mierdecillas, españoles residentes en España con cuentas corrientes en paraísos fiscales, eluden del control de la agencia tributaria.

Lo sorprendente de la rueda de prensa de la vicepresidenta es que calculó en 8.171 millones de euros la cantidad a aflorar por las actuaciones del nuevo plan. Investigando de qué se trataba adivinamos, según el ministerio, que son actuaciones directas de control, con las cuales el año pasado se obtuvieron 9.000 millones de euros. Atención: es decir que el plan de Soraya disminuye la capacidad de la Administración en la lucha contra el fraude.

Para los inspectores de Hacienda el fraude se centra en el IVA y en determinadas actuaciones tales como las obras de casa, las rehabilitaciones, entre otras. Las regiones donde más abunda son Canarias, Castilla La Mancha y Galicia (a saber).

Menudo despiste el del ministerio de Hacienda. En qué lío han metido a la pobre Soraya cuyo ridículo sólo es comparable al hecho de que aclaran que se hará investigando el consumo eléctrico y las tarjetas de crédito. Vamos, como hasta ahora, nada nuevo.

Limitar el pago en efectivo, como en Italia o en Francia, es tan eficaz como tratar de que un niño deje de llorar leyéndole el Código Mercantil. Qué infancia más larga, qué decepción de aquellos que se creían más solventes. Volverán como golondrinas aquellos que me criticaban que dijera que el gobierno entrante tenía poco peso político. Pues ya ven.

Mientras, el profesor Friedrich Schneider, se mesa los cabellos blancos en aquel acogedor despacho de la Universidad de Linz a la espera de que le vuelvan a preguntar por la economía sumergida de un país del sur con un gobierno tierno o, simplemente, insolvente. (Publicado en DiarioProgresista.es, el sábado 7 de enero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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