El silencio de Rajoy

Existe un hábito en la derecha relativo a delegar en otras personas la gestión de lo colectivo, sustentando esas decisiones en la confianza o superioridad del administrador y sin apenas conocimiento del administrado.

No se ha dado demasiada importancia al hecho de que el Partido Popular se presentara a las elecciones sin un programa de gobierno. Sin que la concreción exigible a un proyecto pudiera llegar a todos y cada uno de los españoles. Quizás por ese motivo los conservadores (apenas) subieron en votos y su mayoría absoluta se ha basado en una estrepitosa derrota de los socialistas.

La segunda parte de este drama fue escuchar un discreto discurso de investidura del señor Rajoy en el Congreso de los Diputados en el que, sorprendentemente, no anunció medidas singulares sino líneas generales de actuación. De nuevo a ciegas los diputados y diputadas votaron a Mariano Rajoy sin saber qué programa concretamente desarrollará. Es más grave saber que todos los que le votaron a favor tienen tal confianza en el nuevo proyecto como para ni siquiera preocuparse de las medidas concretas.

¿Qué reforma laboral piensa desarrollar la señora Bañez?, ¿hará un contrato único de veinte días de indemnización?, ¿dinamitará la negociación colectiva? Muchos dicen que así será, pero, no tenemos declaraciones fehacientes de que el presidente del Gobierno se decida a tomar estas u otras medidas. La ceguera política e institucional es absoluta.

Juran (mayoritariamente) o prometen sus cargos los nuevos ministros y, aún, no sabemos qué van a hacer con un país como el nuestro. Ya va siendo hora de que conozcamos mínimamente que van a hacer, qué camino van a tomar: ¿recortará Montoro el mismo tipo de partidas relativas a su competencia que recorta Cospedal?, ¿hará Wert de la educación pública el mismo daño que Esperanza Aguirre?

Pasan los minutos, las horas, los días, y nada sabemos. ¿Nos enteraremos por el Boletín Oficial del Estado? Una democracia opaca es menos democracia. Con tanta oscuridad, por cierto, nos tememos lo peor. Pero en política no se puede vivir con temores, con especulaciones, con previsiones. ¿Qué harán?

Lo peor es que estas cosas acaban en la imprevisión. Que un programa vacío, un proyecto de investidura hueco, se corresponden con esas ruedas de prensa sin preguntas que tanto le gustan a don Mariano.

Dijimos que este gobierno, en principio -y fuimos muy criticados por ello-, no está a la altura de los problemas que tiene España en el marco de la crisis económica internacional. El silencio está aún a menor altura, muy por debajo de las expectativas que los españoles tienen. (Publicado en DiarioProgresista.es, el martes, 27 de diciembre de 2011).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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