Gobierno

No es el gobierno más ilusionante de la democracia, ni siquiera el proyecto que pueda emocionar a propios y extraños en un país donde muchas personas lo pasan mal. No es, tampoco, un equipo de personas que tengan una meta suficientemente ambiciosa.

Soraya Sáenz de Santamaría será vicepresidenta del Gobierno, ministra de la Presidencia y Portavoz del Consejo de Ministros. Una tarea de coordinación y comunicación, la función más política de todos los miembros del gabinete.

Resulta anormal en una sociedad como la nuestra -que presume de moderna y avanzada-, la enorme desproporción de mujeres (4) frente a hombres (10), muy lejos del equilibrio demográfico de nuestro país. Un desequilibrio que puede entenderse en edades avanzadas, pero, es difícilmente explicable en generaciones donde la igualdad debiera ser un hábito. No hay que explicar por qué los gabinetes deben ser paritarios, sino por qué no lo son.

Alberto Ruíz-Gallardón tendrá una tarea relevante en Justicia por el simple motivo de que él sólo entiende de tareas relevantes. Aunque sea tras dejar a los madrileños en la estacada semanas después de que le hubieran votado para alcalde.

En el área económica los papeles están repartidos. Tendrá Cristobal Montoro en Hacienda y Administración Pública la tarea de elaborar unos presupuestos que si no son base cero se va a parecer mucho. Si tomamos de forma literal las palabras del presidente entrante, el análisis metódico del Presupuesto exigirá prescindir de numerosos programas y la pericia de Montoro dependerá de su acierto.

Luis de Guindos en Economía y Competitividad afrontará la reforma del sistema financiero, un cometido más importante de lo que se piensa, una tarea de especial relevancia que ha de afrontar un economista con experiencia en los mercados y que debe de garantizar una salida definitiva a la crisis de liquidez que padecemos.

El resto tiene un escaso peso político. Jorge Fernández Díaz en Interior llega al ministerio a aprender. Ana Pastor no está hecha para Fomento, salvo que el Presupuesto le convierta en un departamento testimonial. Mientras Arias Cañete cumple en Agricultura su sueño, no se entiende, sin embargo, qué hace un abogado como José Manuel García-Margallo llevando exteriores o Pedro Morenés en Defensa. No parece una brillante elección Ana Mato para (precisamente) Igualdad y Asuntos Sociales y, por contra, José Manuel Soria en Industria tendrá que presentar en Comisión sus ambiciosos planes para el secundario nacional.

Sobre Fátima Báñez en Trabajo y Seguridad Social recaerá la responsabilidad de hacer lo que todos nos tememos que quieren hacer; y José Ignacio Wert en Educación, Deportes y Cultura tendrá que demostrar que todo lo que dijeron que iban a hacer en Educación afortunadamente para España van a rectificar -stultum est timere quod vitare non potes-, o no. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 22 de diciembre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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