Rescates regionales

La Comunidad de Valencia, gobernada por el Partido Popular, ha tenido lamentablemente el dudoso honor de haber sido la primera que tuviera que ser rescatada por el Gobierno de la Nación con el fin de poder afrontar sus vencimientos y corregir sus desequilibrios. Cuando ayer citaba que había que conocer los mercados, un aluvión de críticas de tercera fila -los que te ponen el izquierdómetro debajo de la axila para comprobar las muestras de pureza socialdemócrata-, criticaban que un socialista tuviera que conocer los mercados en una economía de mercado (!). Hay que ser lerdo para no saber que el conocimiento del funcionamiento de los mismos (Marx) es la manera para afrontar sus imperfecciones (Keynes) y proponer alternativas (Krugman). Con más de 18.000 millones de euros de deuda, seguida por la Comunidad de Madrid (14.000 en 2011), Valencia tiene frente a sí misma la tarea de pagar los vencimientos pactados con los bancos acreedores (esos que no existen). El 27 de diciembre vencía el plazo para la devolución al Deutsche Bank por valor de 123 millones de euros. El despilfarro, la dilapidación de los caudales públicos, la frivolidad financiera, los excesos, llevaron a esta administración levantina a una situación donde la posibilidad de devolver la deuda era simplemente nula. La primera decisión de la consejería pasó por dejar de pagar a los funcionarios y aplazar sus emolumentos, decisión que no fue tomada en consideración dada la intervención inmediata del gobierno nacional. El Gobierno anterior, empero, estableció toda una serie de pagos a cuenta que oxigenaran las anotaciones de estas administraciones regionales. Pero, esta vez, el plazo se precipitó en el tiempo. La opacidad era tal que esta deuda no constaba siquiera en el boletín de información del Instituto Valenciano de Finanzas. Con todo y con ello el gobierno anterior adelantó desde el ICO liquidez suficiente para el pago a los proveedores valencianos (y a los de otras comunidades autónomas), preocupados por el empleo en las pymes, a pesar del soniquete absurdo de críticas desde los conservadores valencianos y sus enésimas lecciones de gestión pública eficiente durante la campaña electoral. Tuvieron, a pesar de todo, que emitir bonos patrióticos con la esperanza de recaudar 1.800 millones de euros de los que se obtuvieron algo más de la mitad. Nadie en su sano juicio podía comprar títulos de una administración con un desequilibrio tan profundo instalada en el precipicio de los vencimientos. Ahora ha tenido que ser, sin embargo, el Ministerio de Economía el que intercediera con otras instituciones financieras, una especie de aval de palabra, para que pudiera canalizarse un crédito puente que alargara la agonía de una administración gobernada por incapaces. Tendremos que soportar las críticas de aquellos que no saben otra cosa que criticar las administraciones gobernadas por los socialistas -por cierto, con bastantes menores desequilibrios, aún teniéndolos-, o, en el otro lado, por aquellos que no necesitan conocer el funcionamiento de los mercados porque sólo desean colocar izquierdómetros bajo la axila de aquellos que consideran adversarios o competidores de su propia poltrona. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 5 de enero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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