Un año de Diario Progresista

Ha pasado un año desde que este periódico vio la luz, desde que las primeras letras en las pantallas de sus ordenadores construían las frases que hacían que un medio de información progresista llegara a todos ustedes con humildad.

Nadie daba un euro por un proyecto que ha ido soportando vicisitudes y alegrías, problemas y entusiasmos. Apenas sin recursos, sólo con ganas, podemos llegar a ustedes con dificultad pero con aliento, con las ganas infatigables que nos proporciona el hecho de que se encuentran ahí -toc-toc- tras la pantalla.

Nuestra fuerza ha dependido de que sólo tengamos entre nuestras manos, únicamente, el trabajo y la voluntad de seguir adelante. Camina o revienta, escribe y redacta, la noticia y la opinión, sin apenas poder soportar los gastos y con el único activo de nuestro trabajo y la fuerza de nuestra ilusión.

No caben las decenas de colaboradores que han pasado por estas páginas. El esfuerzo del mejor redactor jefe posible, Manuel Arias, cuya experiencia en tantos diarios le convirtió en el mejor escultor de este proyecto. La ilusión y las ganas de Perico Echevarría, la capacidad de Alberto Sotillos, la fuerza renovada de Sergio Arias, la sensatez de Manuel León o la búsqueda incesante de autonomía de José Luis Barceló. Sobre todo, también, el consejo siempre sabio de Eduardo Sotillos, maestro de periodistas y el mejor padre posible.

Recibimos el Premio Nicolás Salmerón como el reconocimiento de una labor de equipo que se fue haciendo cada día más merecedora de ustedes. Han estado ahí, parándonos por la calle, escribiéndonos, casi exigiéndonos seguir en el peor momento para los medios de comunicación, especialmente para los medios progresistas que soportan la visión de espaldas de los poderes económicos que, a veces, son firmes aliados del lado oscuro.

Tengo que agradecer también a aquellos que participan escribiendo bajo nuestros artículos, críticos y menos críticos. Incluso a aquellos que nos insultan y que nos han hecho pasar grandes momentos de risas analizando la impotencia intelectual y, según los psicólogos, también de otro tipo, para esconderse tras el anonimato. Precisamente un amigo psiquiatra ha recogido estas aportaciones y está haciendo un estudio que presentaremos en este periódico más temprano que tarde.

Nosotros, sin embargo, hemos tratado de ser respetuosos con todas las opiniones, con cada una de las partes que integran una izquierda plural y grande. Críticos con aquellos que tratan de silenciar todas las voces, cerrar espacios, pintar de negro un país que necesita de medios de comunicación progresistas como de instituciones solventes.

Lo importante no es cuánto ha remado cada uno, sino que todos hemos navegado en la misma dirección, idéntico sentido, con aquel puerto al final del horizonte llamado libertad. Seguiremos haciéndolo aunque nos dejemos las manos en los remos. Aunque se nos salten las lágrimas de frío, no nos queden letras para defender la igualdad o recursos para ondear la bandera de los que menos tienen, los que más necesitan, los que nos esperan al final del camino para, como único premio, poder abrazarnos en la lucha final. (Publicado en DiarioProgresista.es, el lunes, 9 de enero de 2012).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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