Dos enmiendas

No puede haber dudas democráticas a la hora de avanzar en la participación de ciudadanos y militantes en las decisiones políticas relevantes. En cumplimiento, todo hay que decirlo, del precepto constitucional que exige que los partidos políticos sean democráticos.

Una parte del PSOE, de forma tan legítima como errada, considera que la elección directa del secretario general por parte de los militantes y el sufragio de los ciudadanos a los candidatos es abrir la espita al caos. Estas, sin embargo, serán dos enmiendas que se debatan en el próximo congreso y cuyo futuro dependerá del voto de los delegados que ejercen su delegación.

Cuando las organizaciones estaban conformadas por dirigentes capaces, militantes iletrados y ciudadanos confusos, podría explicarse -que no justificarse-, la existencia de partidos políticos de corte bonapartista. Ahora, cada vez más, las élites necesitan del sufragio para ser definidas como líderes. La participación de todos, a su vez, provoca convertir las organizaciones políticas en auténticas locomotoras de transformación.

Hace años se consideraba que propugnar el voto individual y secreto en los congresos, evitando que sólo un cabeza de delegación tuviera en su mano la decisión de cien delegados, era un atrevimiento.

El partido socialista -no es la primera vez que lo decimos-, no fue creado como instrumento de sus dirigentes, ni siquiera como casa para sus militantes, sino como organización al servicio de la clase trabajadora. Es ésta y nadie más quien decide sobre el futuro de su organización.

En ese sentido los ciudadanos, la clase trabajadora, puede estar más o menos comprometida y participar más activamente en la organización obrera: los militantes. O, por el contrario, confiar en el buen hacer de sus compañeros sin perder de vista ni el interés en la emancipación: los ciudadanos.

Así, de los militantes se extraen a los dirigentes y, por lo tanto, son los afiliados los que han de elegir en voto individual y secreto quiénes han de ser sus secretarios generales. Si los dirigentes no son más que militantes más comprometidos con el esfuerzo y el trabajo, estos han de ser sufragados de forma directa por parte de los afiliados.

Al mismo tiempo, si los socialistas en las instituciones representan a la clase trabajadora en su conjunto, estos han de ser refrendados, al menos el cabeza de lista, por los ciudadanos que así lo deseen y depositen una firma como compromiso en un universo de votantes suficientemente amplio que evite cualquier manipulación.

Militantes que eligen de forma directa a su secretario general y ciudadanos que eligen de forma también directa a su candidato. Dos avances como pocos que convierten en protagonista a una organización, el PSOE, en la historia de los avances democráticos de nuestro país.

Además, qué magnífico disolvente para los cargos despistados, los diputados que no diputean, los concejales mudos o los pillabocadillos de todo género, profesionales de la política o aprovechados de la dedocracia. El sufragio es una máquina de hacer líderes y la democracia de convertir a las sociedades en más libres y más prósperas. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 19 de enero de 2012).

 

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About antoniomiguelcarmona

A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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