Garzón en Baeza

Baltasar Garzón era un niño de Torres que estudió bachillerato en Baeza. Probablemente entre aquellas paredes frías de la ciudad más hermosa de Jaén soñaba con hacerse magistrado e impartir justicia, a veces a un lado, a veces a otro.

Niega este periódico la forma de valorar los actos de justicia en función de las simpatías de los personajes. Se divide la sociedad española, de nuevo, entre aquellos que simpatizan con Garzón y aquellos que no pueden apenas escuchar su nombre. Una forma imposible de poder analizar los hechos con objetividad.

La doctrina jurídica anda dividida sobre si hizo bien o mal el magistrado a la hora de interferir las comunicaciones entre un abogado y su cliente. Y, para aquellos legos, parece evidente que si la doctrina está dividida sobre si pudo hacer bien o mal, no cabe la posibilidad de que lo hiciera a sabiendas y, por lo tanto, la ausencia del delito de prevaricación es palmaria.

Más aún si, como sostiene una parte de ésta, se trataba, no de proveer de escuchas las conversaciones entre un abogado y su cliente, sino entre un presunto delincuente y otro presunto delincuente. Máxime si eran los abogados aquellos, no estos, los encargados de blanquear el dinero de la trama Gürtel.

Siendo verdad que la norma española establece que sólo se pueden interceptar las conservaciones entre abogado y cliente en caso de terrorismo, no es menos cierto que la norma europea reconoce la posibilidad de hacerlo en casos como éste.

Por eso, probablemente, la instrucción de Luciano Varela parece más un discurso político, un manifiesto de intenciones, una declaración de guerra, que un auto. Una instrucción que el fiscal reconoce deja mucho que desear y que es nula de pleno derecho. Leída la pieza de Varela, empero, parece más un ejercicio literario que un auto sosegado que trate de encontrar justicia.

Parece evidente, también, que, en aplicación, no ya de la jurisprudencia reciente (Botin), sino del artículo 782.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, los únicos que pueden promover la apertura de juicio en el procedimiento abreviado son el acusador particular y el Ministerio Fiscal. Ninguno de estos ha promovido la causa.

Es por ello por lo que, sin inclinarnos a favor de los partidarios de Garzón, ni dispuestos a aplaudir a los detractores, no nos parece de recibo que este juicio tenga tal suma de irregularidades, segundas intenciones o recurrentes derivadas.

Aquel niño que correteaba, aún sin perder su acento, por los patios de Baeza, soñando con ser juez o magistrado, abogado o fiscal, defensor de causas perdidas, o ganadas, o vaya usted a saber, se sienta años después en un banquillo, preso, probablemente de sí mismo y de la vida exagerada de una justicia que más que ciega parece sorda. (Publicado en DiarioProgresista.es, el miércoles, 25 de enero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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