Las orejas del lobo

“Vivo en el lío”, contestaba Mariano Rajoy a la pregunta de Artur Mas. Un nuevo micrófono demasiado sensible a la voz singular del presidente del gobierno. Pero, ¿de qué lío estamos hablando?, ¿la impostura del gobierno?, ¿la llegada de la reacción?, ¿las orejas del lobo?

Un auténtico fraude electoral protagonizó el nuevo Consejo de Ministros, la verdad es que contra todo pronóstico, haciendo exactamente lo contrario a lo que tímidamente señalaban en el programa electoral y venía espetando durante dos legislaturas de pasión.

Subieron los impuestos a las rentas del trabajo, a una base liquidable de tan solo un euro, y a las rentas del ahorro sin parpadear en aquella mítica rueda de prensa de Soraya Sáenz de Santamaría.

Hace escasas horas nos sorprendía el ministro del Interior con un nuevo requiebro a su programa electoral, proponiendo, así lo dijo en comisión, el acercamiento de presos de la banda terrorista a partir de un estudio individualizado de cada caso.

Pero no todo fue impostura antaño, o ahora, sino que, como era de esperar, se cuela la reacción por donde uno menos se la espera, las mismísimas orejas del lobo que todos nos temíamos. Alberto Ruiz-Gallardón ha dejado bien claro que reformará la ley del aborto, recuperando el espacio delictivo en el Código Penal para las mujeres desde antes de la promulgación de esta última norma. La eliminación de los plazos y la vuelta a un coladero que sólo daña a los menos favorecidos.

Fue Gallardón también el que puso encima de la mesa, al mismo tiempo, capitán ya de la reacción, elevar las tasas de la justicia gratuita y, sin respirar, en aquella mismísima comisión, el establecimiento de la cadena perpetua en un país que había superado ya la justicia vengativa y que trataba de sustituirla por la justicia reparadora.

El ministro de Educación, anteayer, también tuvo inopinadamente su cuota parte: eliminar la asignatura de Educación para la ciudadanía, quizás quitando los párrafos sobre los derechos de los homosexuales, o, probablemente, eliminando toda alusión a familias que no sea la tradicional.

Reacción tras reacción que ayer defendió la ministra de Sanidad, Ana Mato, dejando caer la posibilidad de establecer el copago en la asistencia sanitaria, después de haber negado, por activa y por pasiva, que ellos fueran a ponerlo en práctica, dejando en fuera de juego a todos aquellos que en el seno de su propio partido lo proponían.

Pasará a mejor vida según Ana Mato, princesa de la reacción, el tratamiento legal de la píldora del día después. Para satisfacer a los sectores más reaccionarios, más pendientes de la histeria de los comportamientos políticos, protagonizan marchas atrás que sólo generan disenso en la sociedad española. Son, no lo duden, las orejas del lobo que todos nos temíamos que podía acabar llegando. (Publicado en DiarioProgresista.es el jueves, dos de febrero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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