Rajoy convoca una huelga

Mariano Rajoy no se caracteriza por ser una persona extrovertida, abierta a un gran público que le supone cercano, habla con soltura un solo idioma, el gallego, y es considerado por propios y extraños un auténtico caballero.

En la sala del Palacio Justus Lipsius ayer celebró su primera cumbre europea y, amigablemente, se confesaba ante sus colegas europeos que le observaban como los niños que reciben al nuevo de la clase.

De repente, como es tradición, un micrófono indiscreto recoge su voz, más agradable que átona, reconociendo que “la reforma laboral me va a costar una huelga”. No hay que ser uno de los siete sabios de Grecia para entender que estamos hablando de una reforma, de nuevo, lesiva para los intereses de los trabajadores.

No tengan ustedes dudas de que se va a centrar en una transferencia de renta de los trabajadores a los empresarios, perdiendo aquellos rentas y derechos con el fin de que estos ahorren costes y se hagan más competitivos.

Flexibilidad en un mercado dual donde contratar es tan fácil como hacerlo por horas, o incluso minutos, como mucho una semana. Nueve de cada diez contratos es temporal, ¿es acaso entonces la flexibilidad el problema? Contratos, por cierto, muchos de los cuales son, ciertamente, precarios.

Un país donde se argumenta, no sin cierta impostura, que hay mucho paro por la rigidez del mercado laboral, no le debe costar entender que el desempleo tiene su principal fuente en el sector de la construcción, ramas verdaderamente flexibles, donde los trabajadores iban del tajo al paro y del paro al tajo, y sin embargo, como digo, el mayor exponente de la desocupación en nuestro país. Entonces, ¿no era verdad que más flexibilidad menos paro?

No creo que la reforma que tiene Rajoy en la cabeza, tan parecida a la que pide la patronal -la que le va a suponer, dice, una huelga general-, tenga nada que ver con asegurar los derechos de los trabajadores. Nada tendrá que ver, seguro, con evitar que muchos de nuestros becarios investigadores, donde ha de sustentarse nuestro crecimiento, tengan al menos un salario digno.

No creo que la reforma de don Mariano tenga tampoco nada que ver con evitar que la mujer cobre un treinta por ciento menos para un mismo puesto de trabajo. No creo que el texto que nos presente se centre en dar autonomía para trabajar o financiación para emprender a nuestros jóvenes.

No deben ir los tiros dirigidos a evitar que se firmen tan solo dos contratos para discapacitados por cada mil firmados, la mayor parte de ellos, también, temporales. No, no creo que la reforma laboral potencia la economía social, la creación de pequeñas empresas, fomente el emprendimiento, impulse el trabajo a favor de la innovación, la creación o las exportaciones.

Por eso, adelanta Mariano Rajoy, tendrá una huelga general si los sindicatos consideran que lo único que se pretende, como digo, es una transferencia de renta de los trabajadores a los empresarios.

Mientras, el presidente del Gobierno del Reino de España, confesaba al holandés Mark Rutte : “las previsiones de crecimiento este año son muy malas”. Y, por cierto, para los trabajadores, peores.

Al comienzo de la sesión, en la amplia sala de aquel Palacio Justus Lipsius, Herman Van Rompuy daba la bienvenida a Mariano Rajoy, para que le entendiera, en español, a falta de traductor en gallego. (Publicado en DiarioProgresista.es el martes, 31 de enero de 2012).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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